A seis meses de vivir oculta, con miedo y un dolor físico que no cesa, María Elena Ríos Ortiz volvió a tocar su saxofón. Junto con su familia, la música se ha convertido en la motivación para seguir adelante tras sobrevivir al primer ataque con ácido documentado en Oaxaca, y en una forma de alimentar su fe de que, pese a que su agresor continúa libre, en algún momento la justicia va a llegar. Es una tarde fría en la Ciudad de México. "Male" -como la llama su familia- llega a tiempo a la cita con El Universal, luego de haber asistido a las terapias que forman parte de su nueva cotidianidad. Es acompañada por su padre, vigilante silencioso de su progreso y quien se confiesa admirador de la fortaleza de su hija, tanto como de su habilidad para tocar el saxofón, talento que descubrió desde niña. Tiene la cabeza y las mejillas cubiertas por el gorro de una chamarra. Un cubrebocas tapa la otra mitad de su rostro, donde el ácido dejó profundas cicatrices a las que, sostiene, nunca se va a acostumbrar; sin embargo, p
Lastimaron mi piel, pero no mi música
A seis meses de vivir oculta, con miedo y un dolor físico que no cesa, María Elena Ríos Ortiz volvió a tocar su saxofón. Junto con su familia, la música se ha convertido en la motivación para seguir adelante tras sobrevivir al primer ataque con ácido documentado en Oaxaca, y en una forma de alimentar su fe de que, pese a que su agresor continúa libre, en algún momento la justicia va a llegar. Es una tarde fría en la Ciudad de México. "Male" -como la llama su familia- llega a tiempo a la cita con El Universal, luego de haber asistido a las terapias que forman parte de su nueva cotidianidad. Es acompañada por su padre, vigilante silencioso de su progreso y quien se confiesa admirador de la fortaleza de su hija, tanto como de su habilidad para tocar el saxofón, talento que descubrió desde niña. Tiene la cabeza y las mejillas cubiertas por el gorro de una chamarra. Un cubrebocas tapa la otra mitad de su rostro, donde el ácido dejó profundas cicatrices a las que, sostiene, nunca se va a acostumbrar; sin embargo, p