Mayo: la extorsión ritual

Cada año, acercándose el 15 de mayo, Día del Maestro, con puntualidad casi religiosa aparece la CNTE. No en las aulas, no frente a grupo, no enseñando, aparece en las calles, en el Zócalo, en las carreteras, aparece convertido en un mecanismo de presión que ya aprendió que en México la extorsión organizada tiene recompensa. La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación surgió como disidencia de un sindicato —SNTE— ya de por sí poderoso, que al paso del tiempo perfeccionó un método más eficaz: el chantaje. Plantones, bloqueos, toma de casetas, suspensión de clases. Y al final la misma escena, el gobierno cede, negocia, entrega. La CNTE se retira con concesiones bajo el brazo y deja atrás ciudades paralizadas, niños sin clase y una autoridad debilitada. Conviene recordar que hubo un momento en que ese ciclo se rompió, la reforma educativa impulsada por Peña Nieto en 2013 no era perfecta, pero tocó un nervio esencial, el control clientelar del sistema educativo. Entonces se consideró prioritario rec