Medicina natural, riqueza de un bosque bajo amenaza

A unos tres mil 500 kilómetros de altura sobre el nivel del mar, en el bosque de San Salvador Cuauhtenco, alcaldía Milpa Alta, un pulmón verde al sur de la Ciudad de México, Marco Antonio Rojas Romero se abre paso entre los pastizales para mostrar lo que considera un tesoro ancestral de la naturaleza: una «farmacia viviente». Se trata de plantas medicinales que crecen en esta zona de la Sierra Ajusco-Chichinautzin —la cual comprende parte de la Ciudad de México, Estado de México y Morelos— y que son resguardadas por unos 20 habitantes que conforman el grupo Ticyolictíah Cuauhfmeh (dando vida a la montaña). Marco Antonio, presidente de la agrupación, señala que son alrededor de 40 especies las que perduran; él se sabe el nombre de todas y, lo más importante, los males que curan: como la yerba del sapo, que se emplea para los riñones, o la ruda, que aún es asignada para controlar diarreas o cólicos estomacales, por mencionar algunas. Reconoce que unas 10 especies están en peligro de extinción en la zona. «La es