Moisés Cortés Facio defendió su lugar durante cuatro días. En medio del fastidio, con hambre y frío, estuvo a punto de liarse a golpes para que nadie intentara quitarlo de la fila que organizó para comprar gasolina. Peregrinó por la ciudad para conseguir combustible. Decidió quedarse en un punto y aguardar. Esperó a que se hiciera de noche, amaneciera, llegara la tarde, nuevamente la noche y así pasaron cuatro días. Organizó —en una gasolinera ubicada en un enclave que separa a ricos y pobres— una fila de dos kilómetros de vehículos y defendió, a capa y espada, un lazo que colocó para que nadie se metiera. Este jueves, por fin, llenó su bidón. Lo abraza... le durará dos días.
Moisés tardó cuatro días en conseguir un bidón
Moisés Cortés Facio defendió su lugar durante cuatro días. En medio del fastidio, con hambre y frío, estuvo a punto de liarse a golpes para que nadie intentara quitarlo de la fila que organizó para comprar gasolina. Peregrinó por la ciudad para conseguir combustible. Decidió quedarse en un punto y aguardar. Esperó a que se hiciera de noche, amaneciera, llegara la tarde, nuevamente la noche y así pasaron cuatro días. Organizó —en una gasolinera ubicada en un enclave que separa a ricos y pobres— una fila de dos kilómetros de vehículos y defendió, a capa y espada, un lazo que colocó para que nadie se metiera. Este jueves, por fin, llenó su bidón. Lo abraza... le durará dos días.