¡Ni estando encerradas, nos quedamos calladas!

Andrea Luna recuerda cómo hace más de dos décadas sufrió discriminación por ser una mujer trans privada de la libertad, e incluso cómo sus amigas fueron golpeadas en centros de reclusión varoniles hasta perder la vida por el único hecho de tener un brillito labial, “solo por ser quienes eran”. Al recordar a su amiga Brandy, la directora del Colectivo Trans por la Libertad de Ser y Decir cuenta en la quinta Marcha del Orgullo LGBT+ en el Reclusorio Varonil de Santa Martha Acatitla que “los tiempos han cambiado” y que “se está reeducando a la población”. Al grito de “¡Ni estando encerradas, nos quedamos calladas!”, “esos mirones, también son maricones” y de “esos de negro (custodios) también les gusta el dedo”, el contingente de la diversidad de Santa Martha recorrió el Reclusorio ante “la aprobación” y “algo de rechazo” de quienes observaban desde sus dormitorios, patios y áreas comunes del lugar. “¡Fiu, fiu!”, chiflaban los hombres a los colectivos trans y LGBT+. Los tacones, banderas de colores, pelucas impr