Níger usa el futbol para dar con extremistas

Cada día esperan las cinco de la tarde con impaciencia para entrar en el campo. Tratan de llamar la atención comportándose lo mejor posible. Llevan puestas las camisetas falsas de los mejores futbolistas del mundo, las únicas que tienen y que lavan y vuelven a lavar como si se tratara de objetos sagrados. No tienen zapatos y juegan descalzos, sin pensar en las heridas que tendrán al final del partido. Son los chicos de la cárcel de menores de Niamey, la capital de Níger. Estos jóvenes, encerrados entre estas cuatro paredes porque presuntamente son miembros del grupo terrorista Boko Haram, hace meses que están a la espera de juicio. Todos juran que son inocentes y denuncian que los tomaron al azar durante las redadas de la Policía y el Ejército. Mientras tanto, los psicólogos y los trabajadores sociales los examinan haciéndoles jugar todos los días partidos de fútbol, durante los cuales observan a los elementos más violentos y, presumiblemente, los que han tenido que ver con los yihadistas nigerianos. La cárce