A Lorena Sánchez su primer sangrado menstrual le llegó a los ocho años. "No puede ser, estás muy pequeña", exclamó su mamá cuando ella le preguntó por qué tenía "eso" en sus pantaletas. La expresión de su madre asustó a quien era entonces una niña. Tuvo miedo, no sabía qué ocurría. No quería ser diferente, quería seguir jugando. Al igual que Lorena, entre 2% y 5% de los niños en México padecen pubertad precoz, un cuadro clínico que se caracteriza por el agrandamiento de senos en las niñas, y vello facial y crecimiento de la manzana de Adán en los varones. Esta "pubertad adelantada" no sólo transforma sus vidas en aspectos físicos, también los convierte en presas fáciles de los rumores, burlas y demás señalamientos que los niños de su edad tienen ante alguien que comienza a ser, antes de tiempo, diferente a ellos. ¿Qué está pasando? La madre de Lorena supo, cuando su hija empezó a menstruar antes de los 10 años, que algo andaba mal. La niña estaba llena de miedo, puesto que el sangrado no sólo no paró, sino qu
Niñas dentro de un cuerpo adolescente
A Lorena Sánchez su primer sangrado menstrual le llegó a los ocho años. "No puede ser, estás muy pequeña", exclamó su mamá cuando ella le preguntó por qué tenía "eso" en sus pantaletas. La expresión de su madre asustó a quien era entonces una niña. Tuvo miedo, no sabía qué ocurría. No quería ser diferente, quería seguir jugando. Al igual que Lorena, entre 2% y 5% de los niños en México padecen pubertad precoz, un cuadro clínico que se caracteriza por el agrandamiento de senos en las niñas, y vello facial y crecimiento de la manzana de Adán en los varones. Esta "pubertad adelantada" no sólo transforma sus vidas en aspectos físicos, también los convierte en presas fáciles de los rumores, burlas y demás señalamientos que los niños de su edad tienen ante alguien que comienza a ser, antes de tiempo, diferente a ellos. ¿Qué está pasando? La madre de Lorena supo, cuando su hija empezó a menstruar antes de los 10 años, que algo andaba mal. La niña estaba llena de miedo, puesto que el sangrado no sólo no paró, sino qu