Parir en casa, entre el miedo y la tradición

De última hora, Lisbeth Mondragón tuvo que parir en casa, después de que en el Centro de Salud de Teotitlán del Valle, Oaxaca, le dijeron que no podían atenderla por falta de personal; pese a que ya tenía ocho centímetros de dilatación la enviaron a otro municipio, al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) de Tlacolula de Matamoros, pero por la premura, ella y su esposo decidieron hablarle a la partera. “Gracias a Dios aceptó Anel [la partera], porque yo ya estaba con ocho de dilatación y aun así nos dijeron que no podían atenderme. La verdad tenía miedo”, cuenta Lisbeth. Recuerda que durante el embarazo, “desde el centro de Salud me metieron el miedo de que mi bebé venia demasiado grande y mi cuerpo era muy pequeño. Había muchas posibilidades de que yo no pudiera tener un parto natural, y si se pudo”, dice con una sonrisa en el rostro, acompañada de la partera Anel González. El Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE) define a la violencia obstétrica como “cualquier acción u omisión por par