En Pomuch la muerte se acaricia, se apapacha y se contempla. Entre el ajetreo terrenal, los habitantes de este pueblo encuentran momentos de paz cuando, como cada año, acuden en estas fechas al panteón a limpiar los huesos de sus muertos. Desde muy temprano, don Domingo acompañado de su esposa Concepción y una de sus tías, se dirige al panteón de la comunidad localizada a 40 minutos de la ciudad de Campeche, donde descansan los restos de sus suegros, dos de sus cuñados y el abuelo de su esposa. "Cada año nosotros venimos a cambiarles sus ropas y venimos contentos, por eso les damos los buenos días y les traemos unas florecitas", mencionó Concepción. Persignándose para dar inicio a la "limpia de los muertos", don Domingo está listo para comenzar con este ritual que forma parte del Hanal Pixán o "comida de las ánimas", el cual maravilla a propios y extraños y cuyo origen proviene del sincretismo de tradiciones del pueblo maya y la religión católica. Con mucho cuidado, don Domingo saca del pequeño mausoleo color
Pomuch, el pueblo donde a la muerte se le acaricia
En Pomuch la muerte se acaricia, se apapacha y se contempla. Entre el ajetreo terrenal, los habitantes de este pueblo encuentran momentos de paz cuando, como cada año, acuden en estas fechas al panteón a limpiar los huesos de sus muertos. Desde muy temprano, don Domingo acompañado de su esposa Concepción y una de sus tías, se dirige al panteón de la comunidad localizada a 40 minutos de la ciudad de Campeche, donde descansan los restos de sus suegros, dos de sus cuñados y el abuelo de su esposa. "Cada año nosotros venimos a cambiarles sus ropas y venimos contentos, por eso les damos los buenos días y les traemos unas florecitas", mencionó Concepción. Persignándose para dar inicio a la "limpia de los muertos", don Domingo está listo para comenzar con este ritual que forma parte del Hanal Pixán o "comida de las ánimas", el cual maravilla a propios y extraños y cuyo origen proviene del sincretismo de tradiciones del pueblo maya y la religión católica. Con mucho cuidado, don Domingo saca del pequeño mausoleo color