La reducción de la jornada laboral, de 48 a 40 horas semanales, se ha convertido en uno de los temas centrales de debate. El gobierno lo ha presentado como una conquista histórica para los trabajadores mexicanos, un intento de homologar las condiciones con estándares internacionales, que privilegian la calidad de vida. No se trata de un fenómeno nuevo. La historia laboral en México muestra que cada avance fue precedido por intensos conflictos. Las ocho horas de trabajo que hoy parecen naturales, fueron una demanda central de los obreros desde finales del siglo XIX. La huelga de Cananea de 1906 y la de Río Blanco en 1907 dejaron claro que las condiciones inhumanas de explotación ya eran insostenibles. Décadas más tarde, el Constituyente de 1917 dio forma a un derecho laboral pionero en el mundo: la jornada máxima de ocho horas, inscrita en el artículo 123 constitucional. Aquella conquista no fue una dádiva generosa del Estado, sino la respuesta a un movimiento obrero que había pagado con sangre su exigencia. H
Primero los pobres: la hora de las 40 horas
La reducción de la jornada laboral, de 48 a 40 horas semanales, se ha convertido en uno de los temas centrales de debate. El gobierno lo ha presentado como una conquista histórica para los trabajadores mexicanos, un intento de homologar las condiciones con estándares internacionales, que privilegian la calidad de vida. No se trata de un fenómeno nuevo. La historia laboral en México muestra que cada avance fue precedido por intensos conflictos. Las ocho horas de trabajo que hoy parecen naturales, fueron una demanda central de los obreros desde finales del siglo XIX. La huelga de Cananea de 1906 y la de Río Blanco en 1907 dejaron claro que las condiciones inhumanas de explotación ya eran insostenibles. Décadas más tarde, el Constituyente de 1917 dio forma a un derecho laboral pionero en el mundo: la jornada máxima de ocho horas, inscrita en el artículo 123 constitucional. Aquella conquista no fue una dádiva generosa del Estado, sino la respuesta a un movimiento obrero que había pagado con sangre su exigencia. H