Privacidad hasta de los poderosos

La salud de los gobernantes ha sido desde siempre un tema de interés para la ciudadanía. La idoneidad para dirigir un país proviene de las habilidades o del carisma ratificados en las urnas, pero también, diría Maquiavelo, de la capacidad de ser „astuto como un zorro para evadir las trampas y fuerte como león para espantar a los lobos“. Para evitar toda muestra de debilidad y poder sortear usurpaciones, a la enfermedad se le oculta, se le niega o se le minimiza. En México desde el reconocimiento del derecho a saber en 2003, se han hecho solicitudes formales para acceder al expediente clínico tanto del Presidente como de otros funcionarios de alto nivel. Incluso en 2006, frente a los supuestos cambios de ánimo de Vicente Fox, se discutió en el Senado, sin éxito, la posibilidad de eliminar las reservas de información sobre expedientes médicos de funcionarios que ejercieran elevadas responsabilidades de carácter unipersonal. En la Plataforma Nacional de Transparencia existen registros de al menos 79 solicitud