Relato corrupto

La narrativa de la corrupción ha tomado un nuevo giro en las últimas semanas. Es constante el señalamiento común y generalizado de que no se sabía lo que otros hacían. No importa si la acusación proviene de la delincuencia delegacional, las construcciones carreteras o los procesos penales. Simplemente se dice que no se conocían las actuaciones de otros, subordinados o asociados. Prácticamente, que la actuación no sólo se hizo sin el consentimiento del jefe sino, más aún, a sus espaldas. Quienes invocan tan simple justificación, supongo que suponen que con ello quedan, si no exculpados, sí al menos comprendidos o, tal vez, perdonados. Más allá de tales simplezas, ni las responsabilidades jurídicas ni políticas pueden evitarse con estas salidas. Si las consideramos con atención, más que lograr exculpaciones, ponen de manifiesto la pérdida de capacidad de gestión y respeto por la cosa pública. Hace siglos, Epicuro se preguntó cómo era posible que dios, un ser bueno y omnipotente por definición, hubiera creado el