Remesas bajo sospecha

Las remesas dejaron de ser solamente una historia de amor familiar, sacrificio migrante y supervivencia económica. A partir de la nueva orden ejecutiva firmada por Donald Trump, también entran al terreno de la seguridad nacional, el lavado de dinero y la desconfianza bilateral. Conviene decirlo con precisión para no caer en el escándalo fácil. Estados Unidos no prohibió el envío de remesas a México. Lo que hizo fue endurecer revisiones financieras, identificación de clientes, operaciones sospechosas, uso de ITIN, matrículas consulares y mecanismos de triangulación de recursos. En lenguaje de banquero, no cerraron la ventanilla, pero le pusieron más cámaras, más preguntas y más motivos para negar operaciones. El problema es que en la vida real esos filtros no golpean primero a los criminales sofisticados. Golpean al trabajador que limpia cocinas, construye casas, cuida jardines, maneja camiones o lava platos, y que cada semana manda 300 o 400 dólares para que su familia pague comida, renta, medicinas, escuela,