La historia de la democracia en el mundo, en el país y en la Ciudad de México podría ser contada como la lucha por la inclusión de un número cada vez mayor de personas en el demos —grupo de quienes eligen y, vía representativa, detentan el poder y toman las decisiones—. Primero se abrió el voto a los desposeídos e iletrados (sonoro triunfo contra los que afirmaban que solo los propietarios o alfabetizados debían o podían hacerlo). Llegó luego la revolución de la igualdad de género; tras muchas luchas, se rompió en pedazos la limitación sexual: las mujeres votan en elecciones federales desde 1953 y representan el 42.6% de los escaños en la Cámara de Diputados. Es un botón de muestra en la lucha por una participación ampliada y un gobierno legitimado. El principio de representación política es fundamental en las democracias modernas. Desde la perspectiva deliberativa, que un sistema sea capaz de dar cabida a los intereses relevantes y al mayor número de puntos de vista es requisito sine qua non de su legitimida
Se abre la puerta a los jóvenes
La historia de la democracia en el mundo, en el país y en la Ciudad de México podría ser contada como la lucha por la inclusión de un número cada vez mayor de personas en el demos —grupo de quienes eligen y, vía representativa, detentan el poder y toman las decisiones—. Primero se abrió el voto a los desposeídos e iletrados (sonoro triunfo contra los que afirmaban que solo los propietarios o alfabetizados debían o podían hacerlo). Llegó luego la revolución de la igualdad de género; tras muchas luchas, se rompió en pedazos la limitación sexual: las mujeres votan en elecciones federales desde 1953 y representan el 42.6% de los escaños en la Cámara de Diputados. Es un botón de muestra en la lucha por una participación ampliada y un gobierno legitimado. El principio de representación política es fundamental en las democracias modernas. Desde la perspectiva deliberativa, que un sistema sea capaz de dar cabida a los intereses relevantes y al mayor número de puntos de vista es requisito sine qua non de su legitimida