Tlahuelilpan, las lecciones pendientes

En Tlahuelilpan, la actitud de 25 militares presentes en el lugar de la tragedia fue casi tan sensata como inútil. Además del alcalde de esa comunidad hidalguense, otros 93 ediles de comunidades pobres y oficialmente identificadas con intensa actividad en el robo de combustibles podrían suscribir lo mismo: quienes le hacen el juego a los delincuentes "son personas arrastradas por la necesidad".  ¿Qué tan discrecional y tenue es la frontera entre el pueblo bueno arrastrado por la fiesta de la codicia y la negra realidad de la complicidad de numerosos individuos en un delito grave? ¿Dónde se moverá el Ministerio Público Federal —delante, detrás o junto a la Guardia Nacional— en ese pasillo que va del consentimiento pasivo ante el delito a la participación activa y al dolo criminal?  La tragedia hidalguense marca un antes y un después en los planes de atención al robo de hidrocarburos, pero también hacia los planes para conformar una Guardia Nacional como solución a los malos resultados de las policías. ¿Tendrá