Trump: ¿el principio del fin?

Desde mucho antes de que anunciara su candidatura a la Presidencia, Donald Trump era uno de esos personajes que acaparan la atención del espectador. Para bien o para mal, dependiendo del particular gusto de cada quien, es el reflejo de todo aquello que está/estaba bien con Estados Unidos. Símbolo del emprendedor lleno de iniciativa o del feo rostro del capitalismo salvaje, Trump capitalizó esa imagen hasta convertirla en una marca primero y después en una bandera política que él probablemente desea que lo trascienda. Para construirla y desarrollarla ha corrido riesgos que otros evitarían, en hacer cosas que a muchos parecen indecorosas, aberrantes. Más allá de los naturales tropiezos de un empresario de su estilo, Trump ha tenido una carrera ascendente en la que cada aparente error o gazapo termina favoreciéndolo. Apenas hace unos días se especulaba acerca de si podría no solo obtener resultados aceptables para los republicanos en las elecciones legislativas de noviembre próximo, sino incluso la reelección d