Un mundo mejor

El tremendo impacto que ha tenido la pandemia de covid-19 nos puede hacer pensar que se vive en un mundo sin esperanza y que nos ha tocado un tiempo terrible para estar vivos. Tomando en cuenta los millones de muertos, la debacle económica, la incapacidad de muchos gobiernos para conseguir o distribuir las vacunas y la desazón de ver las escuelas y negocios cerrados, no es difícil tender hacia el pesimismo. Pero si se amplía un poco la mirada y nos fijamos en lo que la humanidad ha sufrido en el pasado quizá se pueda modificar la perspectiva y concluir que la dureza de los tiempos actuales quizá no lo sea tanto. La tasa de pobreza extrema en el mundo (personas con ingresos inferiores a 1.9 dólares al día) era de 44.3% a nivel global en 1981. En 2015 había bajado hasta el 9.6%. En las sociedades de la prehistoria, cuando se era cazadores-recolectores, la esperanza de vida se ubicaba entre los 20 y los 30 años. En las civilizaciones clásicas que dieron lugar al alumbramiento del mundo moderno en la antigua Gre