En 2009, un sacerdote de la Diócesis de Saltillo llegó con el obispo Raúl Vera para pedirle ayuda porque un hermano, que había venido del Estado de México con un grupo de 11 vendedores de pinturas, había desaparecido en Coahuila. Raúl Vera asegura que nunca se imaginó la profundidad de lo que empezaban a enfrentar. Así comenzaron las reuniones de lo que se convertiría en uno de los primeros colectivos de familias de desaparecidos en la historia reciente del país: Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Coahuila (Fuundec). Entre las primeras familias estaba Lourdes Herrera, madre de Brando Esteban Acosta Herrera, esposa de Esteban Acosta Rodríguez y cuñada de Gerardo y Gualberto, todos desaparecidos el 29 de agosto de 2009 en Ramos Arizpe cuando se dirigían al aeropuerto a dejar a Gualberto. Lourdes inició su búsqueda en solitario. Fue a la PGR, con la Marina, la fiscalía, la Sexta Zona Militar, la policía municipal, a todo lo que se decía policía; acudía con la esperanza de que alguien hablara. Para fina
Una búsqueda de 10 años sin solución
En 2009, un sacerdote de la Diócesis de Saltillo llegó con el obispo Raúl Vera para pedirle ayuda porque un hermano, que había venido del Estado de México con un grupo de 11 vendedores de pinturas, había desaparecido en Coahuila. Raúl Vera asegura que nunca se imaginó la profundidad de lo que empezaban a enfrentar. Así comenzaron las reuniones de lo que se convertiría en uno de los primeros colectivos de familias de desaparecidos en la historia reciente del país: Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Coahuila (Fuundec). Entre las primeras familias estaba Lourdes Herrera, madre de Brando Esteban Acosta Herrera, esposa de Esteban Acosta Rodríguez y cuñada de Gerardo y Gualberto, todos desaparecidos el 29 de agosto de 2009 en Ramos Arizpe cuando se dirigían al aeropuerto a dejar a Gualberto. Lourdes inició su búsqueda en solitario. Fue a la PGR, con la Marina, la fiscalía, la Sexta Zona Militar, la policía municipal, a todo lo que se decía policía; acudía con la esperanza de que alguien hablara. Para fina