Una pequeña chispa puede dar pie a masacre en cárcel

En Quezon City, la ciudad más poblada de las Filipinas, hay una prisión de pequeñas dimensiones. En un espacio que en principio estaba pensado para 800 personas -250 según los estándares de las Naciones Unidas- actualmente están encerradas casi tres mil. La mayoría de ellos están a la espera de juicio por delitos relacionados con el consumo y la distribución de sustancias estupefacientes, el enemigo número uno de las Filipinas para el presidente Rodrigo Duterte. Desde que, en verano de 2016, asumió la Presidencia del país del Sudeste Asiático, el número de prisioneros ha aumentado vertiginosamente. La guerra contra las drogas emprendida por The Punisher, el apodo con el que llaman a Duterte refiriéndose al personaje de los cómics, no implica solo a los pequeños traficantes y a los señores de la droga sino también a los consumidores de metanfetamina, conocida como shaboo, una poderosa droga que, debido a que es asequible económicamente, es muy común en el país. Los datos difundidos por el gobierno poco más de