Ella le ha dado los mejores años de su vida. Él, solo golpes y humillaciones. Ella perdona. Él se ensaña. Ella ama. Él solo quiere. Ayer, él la golpeó como nunca. Ella lo encubrió, como siempre. La policía no pudo detener al agresor, que se escondió en casa. Ella ni siquiera el nombre de su amado quiso dar. Se llama Dalia Velasco Velasco, de 29 años de edad. Es pobre, pero de tez blanca, refinada, delgada. El hombre que se casó con ella, seguramente atraído por cuestiones físicas, ahora no la valora y la agrede. El fuego del celo enfermizo arde en sus entrañas, cada vez que sale al trabajo y deja sola a su esposa en casa, en la calle Cupapé y avenida Dalia, en la colonia Ampliación Insurgentes de Tuxtla Gutiérrez. Y son los dardos envenenados del celo infundado, lo que lo hace infeliz a él y desdichada a ella. Y ayer, en un ataque inusitado de celos, el hombre arremetió contra Dalia. La golpeó en todo el cuerpo, la arrastró (según dijeron vecinos) e incluso intentó clavarle una navaja en la espalda. Al ver la
Celoso casi mata a su esposa
Ella le ha dado los mejores años de su vida. Él, solo golpes y humillaciones. Ella perdona. Él se ensaña. Ella ama. Él solo quiere. Ayer, él la golpeó como nunca. Ella lo encubrió, como siempre. La policía no pudo detener al agresor, que se escondió en casa. Ella ni siquiera el nombre de su amado quiso dar. Se llama Dalia Velasco Velasco, de 29 años de edad. Es pobre, pero de tez blanca, refinada, delgada. El hombre que se casó con ella, seguramente atraído por cuestiones físicas, ahora no la valora y la agrede. El fuego del celo enfermizo arde en sus entrañas, cada vez que sale al trabajo y deja sola a su esposa en casa, en la calle Cupapé y avenida Dalia, en la colonia Ampliación Insurgentes de Tuxtla Gutiérrez. Y son los dardos envenenados del celo infundado, lo que lo hace infeliz a él y desdichada a ella. Y ayer, en un ataque inusitado de celos, el hombre arremetió contra Dalia. La golpeó en todo el cuerpo, la arrastró (según dijeron vecinos) e incluso intentó clavarle una navaja en la espalda. Al ver la