"Dame lo que sea, por favor"

No llora, pero ganas no le faltan. Le duele el abdomen, donde lo patearon. Le quema el alma por la rabia contenida. Volvía de Cancún, con el ahorro de seis meses para su familia. Lo asaltaron. Ayer buscaba un poco de dinero para volver a casa, en Frontera Comalapa. "Ándale amigo, échame la mano, será una obra de caridad lo que harás", ruega el hombre, al punto del llanto. Sostiene entre sus manos un par de botas negras, militares. Las vende. "Dame lo que sea, por favor. Necesito regresar a mi casa. Ya caminé bastante buscando quién me las compre. Estoy cansado, hambriento. Ya no puedo más". Él es Rubén Morales. Tiene 54 años de edad. Un chiapaneco que emigró a Quintana Roo para trabajar, ahorrar y sostener a su familia. Cargando su maleta pequeña negra, con tres mudas de ropa y una gran expectativa de vida, se embarcó hace seis meses en la terminal de Frontera Comalapa. Sus hijos y su esposa derramaron lágrimas por la separación necesaria. Él se aguantó las ganas. Y ahora se vuelve aguantar. Es que de niño