Unos sonríen ante la presencia policiaca. Otros, preocupados, se pasean nerviosos. Los primeros son vecinos que durante años han estado pidiendo ser escuchados. Los segundos, son clientes y meseras de las cantinas que pululan en la 4ª Poniente Sur de Tuxtla Gutiérrez, focos de riñas, asaltos y desorden. Varios fueron cerrados. Dos mujeres, ataviadas con una blusa de tirantes, escote pronunciado y short de mezclilla llegan a la 4ª Poniente y 6ª Sur. Detienen sus pasos. Miran asustadas. Murmuran entre sí. Luego de unos minutos se alejan. "Son meseras y sexoservidoras", dice uno de los hombres que salió de una de las cantinas clausuradas. "Le sacatearon al parche", agrega otro. Decenas de policías, patrullas, moto patrullas se encuentran sobre la 4ª Poniente y sobre la 7ª Sur. Proceden a colocar los sellos de clausura sobre la cortina de acero de uno de los antros. Uno se llama El Puma. Por el momento ya no rugirá. "Bendito Dios", exclama Priscila que vive enfrente. "Ya no es vida. Todos los días, bueno, en las
"El Puma" y otras cantinas dejan de "rugir"
Unos sonríen ante la presencia policiaca. Otros, preocupados, se pasean nerviosos. Los primeros son vecinos que durante años han estado pidiendo ser escuchados. Los segundos, son clientes y meseras de las cantinas que pululan en la 4ª Poniente Sur de Tuxtla Gutiérrez, focos de riñas, asaltos y desorden. Varios fueron cerrados. Dos mujeres, ataviadas con una blusa de tirantes, escote pronunciado y short de mezclilla llegan a la 4ª Poniente y 6ª Sur. Detienen sus pasos. Miran asustadas. Murmuran entre sí. Luego de unos minutos se alejan. "Son meseras y sexoservidoras", dice uno de los hombres que salió de una de las cantinas clausuradas. "Le sacatearon al parche", agrega otro. Decenas de policías, patrullas, moto patrullas se encuentran sobre la 4ª Poniente y sobre la 7ª Sur. Proceden a colocar los sellos de clausura sobre la cortina de acero de uno de los antros. Uno se llama El Puma. Por el momento ya no rugirá. "Bendito Dios", exclama Priscila que vive enfrente. "Ya no es vida. Todos los días, bueno, en las