Enferma, sola y sin dinero para comer

Cierra sus enjutos ojos para elevar una oración. Se encomienda a Dios, pues no tiene a nadie quién la ayude. Las cuencas de sus ojos están secas de tanto llorar su soledad. Aunque se casó nunca pudo tener hijos. Y ahora más que nunca siente el terrible peso de los 84 años de edad, con múltiples enfermedades, pero sin nada de dinero para curarse. El pequeño cuarto de tres por tres metros luce congestionado y desordenado. Sobre la estufa hay cerros de trastos sucios. La ropa revuelta sobre la cama. La mujer se apena. "Es que estoy enferma desde hace días. No puedo hacer mi quehacer. Y acabo de cambiarme de casa", dice. Ella es Adelita Castillo. Oriunda de Ixhuatán, Chiapas, pero radicada en Tuxtla Gutiérrez desde hace 40 años. Y aunque de joven fue maestra de tejido y repostería en el DIF de su municipio, de eso solo queda el recuerdo. Hasta hace poco costuraba para ganarse la vida. Pero sus débiles manos perdieron fuerza y habilidad. Sus temblorosos pies se han fatigado de tanto caminar por las calles de la ca