Espera su liberación

Parecía muerto, pero estaba vivo. Sobrevivió, más bien. Dos paramédicos han hecho lo que pudieron. Ahora esperaban que el cuerpo del hombre hiciera el resto. Éste se levantó, pero volvió a caer. El alcohol, la debilidad y la secuela del ataque epiléptico lo regresaron al suelo. "Siéntese", le dijeron los paramédicos de Protección Municipal, que ya han hecho su parte. Mientras alistaban su equipo y se disponen a subir a la ambulancia PCA-03, esperaron a que el hombre se incorporara. Lo intentó, pero no podía. Y se desplomó. Unos rieron, otros se pusieron serios. Pero nadie lloraba la desgracia del hombre, esclavo de la enfermedad y del alcohol. También lo aprisionaban sus miedos. Y temblaba. Más que de frío de soledad, de angustia, de ver que el futuro incierto se acerca y a la vez, luce tan lejano. "Me llamo Mayber", dijo el hombre de unos 52 años. Playera gris, como su horizonte; pantalón negro, como su pasado; descalzo, como su alma desprotegida. Con el cabello revuelto, como sus emociones. Sufrió una convu