Explota cohetón en mano de un niño

Su mirada era gris, como la tarde. El dolor que experimentaba contrastaba con el ambiente festivo que se desató a menos de 30 metros. Y su mente infantil no logró entender el origen del agudo dolor y del mal. Se limitó a llorar para desahogar su pena. Y extendió la mano en espera de ayuda por parte de los paramédicos. Rafael de Jesús Sántiz Escalante tiene ocho años de edad y una gran curiosidad por explorar el mundo que lo rodea. Ha crecido rodeado de carencias. Y el Año Nuevo lo alcanzó sin sueños. Lo que tuvo en el 2015, fueron como castillos de arena y se desmoronaron. Prefiere vivir el presente. Ayer en la tarde, fue de visita a casa de su abuelito, en la calle 7ª y avenida 3, en la colonia Capulines, Primera Sección, de Tuxtla Gutiérrez. A una cuadra de allí, había fiesta. Y comenzaron a quemar cohetones. Uno de ellos llegó justo a la casa de su abuelito. No explotó. El niño corrió a recoger el cohetón no estallado, con la ilusión de hacerlo explotar más tarde. Era la única forma de tener un explosivo