Golpeado y robado por indigentes

Ya es un adulto mayor. Dijo que no se había dado cuenta porque casi nunca se ve al espejo. Pero se siente joven. Al menos cuando de pelear se trata. Ayer quiso oponerse a un robo durante una riña callejera y a golpes lo ubicaron en su dura realidad. Ya tiene 60 años. Octavio Pérez Hernández no sintió el paso de los años. El peso, sí. El paso no, porque nunca le han celebrado un cumpleaños. No tiene un calendario. No celebra Navidad ni Año Nuevo. No trabaja. Todos los días son iguales para él. Los días buenos son cuando tiene para comprarse una botella de aguardiente. Los malos, cuando no le dan nada y debe soportar el temblor de su cuerpo que le pide la droga. El peso de los años sí que lo ha sentido. Ya no tiene el paso ágil de su juventud. Su mirada es borrosa. Su piel ya marchita por el sol. Y su mente ha perdido claridad. Un poco por la edad, pero más por el estilo de vida desordenado. Ayer caminaba sobre la calle Pino Suárez, entre la 9ª Sur y avenida del Rosario, en la colonia Santa Ana. Se detuvo a un