Incrédulos, ante la muerte de Tomás

Sufría del corazón y no era por decepción amorosa. Tenía 78 años, caminaba ceca del mercado los Ancianos, pero no se consideraba senil. Caminaba y caminaba. Recorría el sendero entre las dos terminales, en la 15 Oriente, pero nunca viajaba, ayer emprendió el viaje sin retorno. Se llamaba Tomás. Y no era incrédulo. Los escépticos fueron ahora los familiares y curiosos. No podían creer que el septuagenario estuviera muerto. Tomás Vázquez Hernández, de 78 años de edad, avanzaba lento, pero continuo, de norte a sur sobre la 15 Oriente. Llegó a la 10 Sur, en la esquina hay una terminal de transporte foráneo (A Coatzacocalcos). Al otro lado está la terminal de corto recorrido, Tomás no viajaría a ningún lado; al menos no estaba en sus planes. Vivía el aquí y ahora, segundo a segundo. A sus 78 años, caminaba y caminaba. Sufría del corazón, lo sabían él y su familia; y no era por desamor; era un problema cardíaco. Y el corazón se le detuvo, los latidos cesaron, y los pasos de Tomás, también. Atrás quedaron los mome