Los asesinos tomaron la atribución de Dios arrebatándole la vida. Algunas personas jugaron a ser dioses, emitiendo juicios apresurados y críticas mordaces, sobre la razón del crimen. Ambos provocaron un dolor inenarrable, solo entendible por quienes han vivido este trance. El ataúd de madera fue colocado en medio del templo, frente al barandal, el púlpito y las sillas de madera que él hizo. Allí pasó su infancia. En su juventud, sus manos hábiles dieron forma a la madera, engalanando el altar del Señor. Ahora, ya inerte, llegó por última vez a ese lugar que lo vio nacer, crecer, enamorarse, casarse y convertirse en padre. Llorado por familiares, amigos y paisanos, Nelson fue despedido con cantos y oraciones. Es un hasta luego. El pequeño Dylan de apenas 11 meses de edad, aún no camina, no habla y tampoco entiende lo que pasa. Pero llora al igual que muchos. Es que ya pasaron muchas horas y su padre no llega. Nelson no llega para abrazar, besar y bailar con Dylan, como lo hacía cada día. Nelson era la adoració
Lo despiden con cantos y oraciones
Los asesinos tomaron la atribución de Dios arrebatándole la vida. Algunas personas jugaron a ser dioses, emitiendo juicios apresurados y críticas mordaces, sobre la razón del crimen. Ambos provocaron un dolor inenarrable, solo entendible por quienes han vivido este trance. El ataúd de madera fue colocado en medio del templo, frente al barandal, el púlpito y las sillas de madera que él hizo. Allí pasó su infancia. En su juventud, sus manos hábiles dieron forma a la madera, engalanando el altar del Señor. Ahora, ya inerte, llegó por última vez a ese lugar que lo vio nacer, crecer, enamorarse, casarse y convertirse en padre. Llorado por familiares, amigos y paisanos, Nelson fue despedido con cantos y oraciones. Es un hasta luego. El pequeño Dylan de apenas 11 meses de edad, aún no camina, no habla y tampoco entiende lo que pasa. Pero llora al igual que muchos. Es que ya pasaron muchas horas y su padre no llega. Nelson no llega para abrazar, besar y bailar con Dylan, como lo hacía cada día. Nelson era la adoració