Perdió la oreja por desoír a su madre

Primero cerró sus oídos a los consejos de su madre al buscar malas compañías, luego perdió la oreja en una riña callejera en calles de la colonia Patria Nueva de Tuxtla Gutiérrez. Es joven, soberbio y orgulloso. En su autosuficiencia cree que no necesita que nadie le diga lo que debe hacer. Su brújula es el impulso y con frecuencia pierde el derrotero. A menudo su nave se estrella en los iceberg escondidos, y lo hacen naufragar en el océano insondable de la existencia. Así es siempre que se pierde de vista el faro de la sabiduría. Víctor Manuel Pérez Gómez tiene 21 años vividos. Su madre a menudo le da buenos consejos, para que le vaya bien en la vida. Uno de los exhortos maternales es: "Hijito, fíjate bien con quién te juntas. No tengas mala compañías". Pero Víctor cree que ya es grande, mayor de edad, y que puede decidir con quién andar y hacer lo que le de la gana. Ignora que la vida pasa facturas y que por la ley inviolable de la vida se cosecha lo que se siembra. Ayer lo comprobó en carne propia y de man