"Me quería matar el desgraciado", dice Héctor, mientras se lleva la mano derecha a su cuello herido. Mira con odio a su agresor, que sacude la cabeza con furia y reta al herido desde su escondrijo, en casa. "P... perro. Te voy a rematar", amenaza. La Policía Municipal y vecinos son testigos de la escena. Todos esperan a la ambulancia. Unos milímetros más y la navaja alcanzaba la vena yugular. Los hechos ocurrieron en la capital chiapaneca. Héctor Gerardo Pérez López (22 años) está de pie. Aunque ebrio y tras perder sangre, no se sienta. Por ratos mira hacia la esquina, en espera de la ambulancia, y luego sus ojos de fuego miran a la casa aledaña donde un hombre semidesnudo, con el pecho y rostro ensangrentado, observa tras una protección de herrería. Héctor lanza maledicencias al que se refugia en casa para evitar ser detenido. "Salte perro, si eres hombre", le grita pero no tan fuerte para no hacer esfuerzo. Su cuello está cercenado en el lado derecho. "Me quería matar el desgraciado", dice Héctor, mientras se
Quiso degollar a su vecino y rival
"Me quería matar el desgraciado", dice Héctor, mientras se lleva la mano derecha a su cuello herido. Mira con odio a su agresor, que sacude la cabeza con furia y reta al herido desde su escondrijo, en casa. "P... perro. Te voy a rematar", amenaza. La Policía Municipal y vecinos son testigos de la escena. Todos esperan a la ambulancia. Unos milímetros más y la navaja alcanzaba la vena yugular. Los hechos ocurrieron en la capital chiapaneca. Héctor Gerardo Pérez López (22 años) está de pie. Aunque ebrio y tras perder sangre, no se sienta. Por ratos mira hacia la esquina, en espera de la ambulancia, y luego sus ojos de fuego miran a la casa aledaña donde un hombre semidesnudo, con el pecho y rostro ensangrentado, observa tras una protección de herrería. Héctor lanza maledicencias al que se refugia en casa para evitar ser detenido. "Salte perro, si eres hombre", le grita pero no tan fuerte para no hacer esfuerzo. Su cuello está cercenado en el lado derecho. "Me quería matar el desgraciado", dice Héctor, mientras se