La ya de por sí empinada cuesta de enero le resultará insoportable a la familia Hernández Pérez. El crédito que recibieron del banco, para trabajar este año, les fue robado por ladrones mediante el clásico "paquetazo". La mujer se llevó la mano a la boca. No daba crédito a lo que ocurría. Se sentía culpable y así lo manifestaba. "Es mi culpa, hubiéramos agarrado taxi. No debimos ir caminando", dice. Los policías estatales y municipales observaban en silencio. No se atrevían a preguntar nada. La escena se desarrolló en la 11ª Poniente y avenida Central de Tuxtla Gutiérrez. Sentada sobre la acera, lloraba desconsolada una mujer joven, morena, de cabello encrespado. Era Victoria Hernández Pérez. Sostiene a su hija, quien desconcertada no acertaba a descifrar el laberinto de aflicción de su madre. Ella se llama Victoria, pero ahora estaba hundida en las arenas movedizas de la derrota. A unos siete metros, de pie, daba vueltas como león enjaulado, María. Ella no lloraba, pero sangraba por dentro. Victoria y María
Roban a mujeres con "paquetazo"
La ya de por sí empinada cuesta de enero le resultará insoportable a la familia Hernández Pérez. El crédito que recibieron del banco, para trabajar este año, les fue robado por ladrones mediante el clásico "paquetazo". La mujer se llevó la mano a la boca. No daba crédito a lo que ocurría. Se sentía culpable y así lo manifestaba. "Es mi culpa, hubiéramos agarrado taxi. No debimos ir caminando", dice. Los policías estatales y municipales observaban en silencio. No se atrevían a preguntar nada. La escena se desarrolló en la 11ª Poniente y avenida Central de Tuxtla Gutiérrez. Sentada sobre la acera, lloraba desconsolada una mujer joven, morena, de cabello encrespado. Era Victoria Hernández Pérez. Sostiene a su hija, quien desconcertada no acertaba a descifrar el laberinto de aflicción de su madre. Ella se llama Victoria, pero ahora estaba hundida en las arenas movedizas de la derrota. A unos siete metros, de pie, daba vueltas como león enjaulado, María. Ella no lloraba, pero sangraba por dentro. Victoria y María