"Me llamo María. Vengo a pedir trabajo de sirvienta". Les dijo. Tras un breve examen oral a la desconocida, le abrieron las puertas de su casa. Le dieron confianza. Un día después desapareció con el ahorro de varios años. El golpe emocional enfermó a la sexagenaria pareja del agraviado. De tez morena, estatura mediana, con vestido humilde y sandalias de plástico, la muchacha parecía una auténtica indígena zoque. Y lo era. -Soy de la colonia Zapata –dijo al ser interrogada en la puerta de la casa, por la pareja de ancianos. - Me enteré que no tienen sirvienta y pues, yo les ofrezco mis servicios a bajo costo. Los ancianos se quedaron mirando. En realidad necesitaban más que sirvienta, dama de compañía. El hombre, Refugio Sánchez Álvarez, era el talabartero de la colonia Luis Espinosa, municipio de Tecpatán. A sus 80 años de edad es muy activo. Hace huaraches, sombreros, cubiertas de machetes. Los lleva a vender. Y su mujer queda sola. -¿Y conoces a don Cheto? Él vive en la Zapata. - ¡Cómo no! ¡Claro! ¡Quién n
Sirvienta roba ahorro a sus patrones
"Me llamo María. Vengo a pedir trabajo de sirvienta". Les dijo. Tras un breve examen oral a la desconocida, le abrieron las puertas de su casa. Le dieron confianza. Un día después desapareció con el ahorro de varios años. El golpe emocional enfermó a la sexagenaria pareja del agraviado. De tez morena, estatura mediana, con vestido humilde y sandalias de plástico, la muchacha parecía una auténtica indígena zoque. Y lo era. -Soy de la colonia Zapata –dijo al ser interrogada en la puerta de la casa, por la pareja de ancianos. - Me enteré que no tienen sirvienta y pues, yo les ofrezco mis servicios a bajo costo. Los ancianos se quedaron mirando. En realidad necesitaban más que sirvienta, dama de compañía. El hombre, Refugio Sánchez Álvarez, era el talabartero de la colonia Luis Espinosa, municipio de Tecpatán. A sus 80 años de edad es muy activo. Hace huaraches, sombreros, cubiertas de machetes. Los lleva a vender. Y su mujer queda sola. -¿Y conoces a don Cheto? Él vive en la Zapata. - ¡Cómo no! ¡Claro! ¡Quién n