Sol de la juventud es eclipsado por la muerte

El sol se ponía poco a poco en el poniente. Llovía en Tuxtla. Justo en ese momento el sol de la juventud de un hombre se ponía mientras estaba en el cenit de la vida. No debe de ser así. No puede ser así al menos que un eclipse produzca la oscuridad a mediodía. Pero ocurrió. La tía de Daniel llegó a la casa en obra negra, de block, con ventana de madera, ubicada en la calle Iztalapa, casi esquina con Covadonga, en el fraccionamiento La Misión. Era la tarde del domingo. Comenzaba a llover. Y de repente la lluvia arreció. Llegó a su clímax. El sol se ocultaba poco a poco, lento pero progresivo, inminente. Llega el ocaso a toda vida, pero se espera que sea de modo lógico, en la senectud. No puede concebirse un sol ocultándose al mediodía. Pero en la vida de Daniel fue así. Con tan solo 25 años de edad, en el cenit de la vida, el joven vio el ocaso de su existencia. Pasó de la primavera al otoño abruptamente. Y las hojas de su árbol cayeron todas. Fue hallado sin vida, presuntamente ahorcado. Se cree fue suicidio