Contaminación, factor de riesgo de mortalidad

Contaminación, factor de riesgo de mortalidad

Antes de la pandemia de Covid-19, una de las crisis mundiales más graves de nuestro tiempo, muchos países consideraban que la contaminación atmosférica constituía un problema sanitario de gran magnitud.

Según el Banco Mundial, en un informe del State of Global Air 2019 (Estado de la calidad del aire en el mundo) se señaló que la contaminación atmosférica era el quinto factor de riesgo de mortalidad en 2017 a nivel mundial, y que la contaminación del aire ambiente causaba alrededor de cinco millones de muertes en el mundo, es decir, uno de cada 10 fallecimientos.

Además, se estableció que morían más personas debido a enfermedades relacionadas con la contaminación atmosférica que por accidentes de tráfico o por paludismo.

El confinamiento impuesto al menos en 89 países, afectando a más de la mitad de la población mundial, ha restringido marcadamente la actividad económica del mundo con la consecuencia imprevista de una reducción de la contaminación atmosférica.

Han comenzado a llegar informes de todo el planeta indicando que pueden verse cielos azules, en algunos casos por primera vez en la vida de los habitantes del lugar.

Los datos satelitales de los niveles de concentración de dióxido de nitrógeno (NO2) durante el periodo de cierre comparados con los niveles de NO2 del mismo periodo de 2019, muestran claras disminuciones. De igual modo, los datos suministrados por el satélite Sentinel-5P, según el estudio en las zonas del confinamiento, los niveles medios de NO2 en 2020, para el periodo que abarca desde el 15 de marzo hasta el 30 de abril, fueron inferiores a los niveles de 2019.

Estos resultados eran previsibles dado que el tráfico vehicular, una de las principales fuentes de emisiones de NO2, disminuyó marcadamente durante el confinamiento. El análisis también ha puesto de relieve los notables avances tecnológicos que se han realizado para medir la contaminación; gracias a los datos satelitales, es posible medir los niveles de NO2 casi en tiempo real en todo el mundo.

Una de las formas de contaminación atmosférica más peligrosas son las partículas muy finas que pueden penetrar profundamente en los pulmones e ingresar en la corriente sanguínea. Estas partículas, que se denominan PM2,5, tienen un diámetro aerodinámico inferior a 2,5 micrones, alrededor de una trigésima parte del grosor del cabello humano.

La exposición a PM2,5 puede causar enfermedades mortales tales como cáncer de pulmón, accidentes cerebrovasculares y cardiopatías.

La pandemia de Covid-19 es una grave crisis sanitaria que ha provocado la peor crisis económica de nuestra época. Sin embargo, no es conveniente que los responsables de formular las políticas dejen de prestar atención a los impactos sanitarios de la contaminación atmosférica.

Para explicar estas conclusiones empíricas, los epidemiólogos señalan que la contaminación atmosférica puede incidir en la pandemia de Covid-19 de tres maneras: aumentando la propagación, aumentando la susceptibilidad y empeorando la gravedad de la infección.

Se cree que el virus se transmite por gotículas que quedan suspendidas en el aire, en particular cuando una persona infectada estornuda o tose. Dado que la tos es una respuesta común a la contaminación atmosférica, es probable que ésta aumente la transmisión. Además, la contaminación atmosférica puede aumentar la susceptibilidad a la infección.

En las vías aéreas superiores, donde es más probable que se depositen las gotículas virales, las células que recubren las vías respiratorias tienen filamentos en forma de cabello denominados cilios. Estos cilios mueven el moco en el que han quedado atrapadas las partículas virales hacia el frente de la nariz para que este sea expulsado en un pañuelo de papel, o hacia la garganta, para que sea tragado, evitando de este modo que el virus ingrese a los pulmones. La contaminación atmosférica degrada estas células de manera que los cilios ya no están presentes o no funcionan, por lo cual las personas son más susceptibles de contagiarse de Covid-19.

Por último, existe un consenso creciente de que las personas con enfermedades crónicas preexistentes (cardiopatía, diabetes, enfermedad pulmonar crónica no asmática y enfermedad renal crónica) conforman la mayoría de los pacientes hospitalizados por Covid-19. La contaminación atmosférica es un factor de riesgo para todas estas enfermedades y, por lo tanto, contribuye a la gravedad de la infección.

En esta etapa, las vinculaciones entre la Covid-19 y la contaminación atmosférica aún no son concluyentes debido a la imposibilidad de contabilizar con precisión los casos de Covid-19 o, incluso, las muertes causadas por la enfermedad, y al hecho de que los impactos dependen de diversos factores, como la capacidad del sistema de salud, el acceso a los hospitales y la voluntad de las personas de concurrir a ellos.

No obstante, teniendo en cuenta los conocimientos actuales y los datos señalados, es razonable esperar una vinculación general entre la contaminación atmosférica y las infecciones respiratorias. Por otra parte, durante la epidemia de síndrome respiratorio agudo grave (SRAG) en 2003 (el virus que causa SRAG es un pariente cercano del que causa Covid-19), en varios estudios se estableció un vínculo ente la contaminación atmosférica y el aumento de la mortalidad por SRAG.

En un estudio se estableció que la probabilidad de que los pacientes de SRAG en regiones de China, con un alto índice de la calidad del aire, fallecieran debido a la enfermedad era dos veces mayor en comparación con los pacientes de regiones con un índice bajo.

En síntesis, la contaminación atmosférica es un multiplicador de riesgos que probablemente está exacerbando las consecuencias sanitarias de la pandemia de Covid-19. Este problema persiste dado que la calidad del aire no ha mejorado de manera uniforme durante la pandemia.