"Palabras más palabras menos, los temas que expusieron los trabajadores manifestantes el día de ayer en la capital del país, son ""la contratación colectiva, la libertad sindical y el derecho de huelga"". En el Zócalo de la Ciudad de México se hicieron escuchar todas las expresiones sindicales que existen actualmente, entre ellas las llamadas organizaciones independientes como la Unión Nacional de Trabajadores, Frente Sindical Mexicano y Diálogo Nacional.
Hablaron además del tema de su día, de todo cuanto desearon poner en los altavoces, es decir, de las acciones del Gobierno Federal en cuanto a seguridad, lucha contra el narcotráfico, política social, reforma laboral, etcétera, sin embargo llama la atención que la democracia sindical, un asunto pendiente por mucho tiempo en el sindicalismo, permanezca ausente año tras año.
No son pocas las voces que desde afuera de los sindicatos, raras veces de adentro, han planteado la necesidad de que los trabajadores se den a sí mismos la oportunidad de tener representantes que no se eternicen en las secretarías generales, la necesidad de que se destierre la idea del líder vitalicio, figura que persiste en la mayoría de las organizaciones. Cuántos años tienen Elba Esther Gordillo Morales o Rafael Ochoa Guzmán al frente del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación; cuántos estuvo su antecesor Carlos Jongitud Barrios, quien fue sacado sólo después de un gran escándalo de corrupción en la década de los ochenta.
En una ocasión Federico Reyes Heroles le recalcaba a un representante del SNTE la necesidad de democratizar a los sindicatos, y éste respondía que el sindicato magisterial es modelo de democracia. Esto muestra que la antidemocracia sindical es como la madre de todos los vicios que tienen como tapadera la demagogia, que a su vez siempre irá en perjuicio de quienes así son representados, por ello es pertienente reflexionar hoy sobre este anhelo de los trabajadores, aspiración que no se plantea en el interior de los gremios porque viene siendo como una idea exótica a la que los líderes han combatido con todos los medios.
Dirigentes que viven como reyes, propietarios de verdaderos castillos, yates, y que además castigan en sus representados cualquier aspiración que se considere dañe la actual organización vetusta que insisten en prolongar, ha dado hasta ahora el actual sindicalismo. No obstante, el cambio se habrá de abrir paso tarde o temprano.
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