"Las elecciones presidenciales que hace cinco anos ""sacaron al PRI de Los Pinos"" como decían algunos lemas de la campana de Vicente Fox serán celebradas manana sábado 2 de julio en la glorieta del Ángel de la Independencia, sitio consagrado por los amantes del futbol para manifestar su júbilo y por los panistas, todos ellos con pleno derecho para hacerlo.
El festejo de quienes con su voto hicieron ganar al candidato presidencial del Partido Acción Nacional en 2000, sin embargo, se ha visto deslucido en sus orígenes por la falta de claridad, de transparencia, se dice ahora, sobre la identidad de sus organizadores.
Primero se mencionó al mismo Poder Ejecutivo federal como autor intelectual de la celebración. Luego se atribuyó la organización de ésta al mismo PAN y, como si fuera una sartén caliente, finalmente quedó como patrocinador un comité de organización integrado por varias entidades no muy dibujadas.
El asunto ha sido ventilado ampliamente por varias razones. Una de ellas es la coincidencia del festejo a unas horas de las elecciones de gobernador en el estado de México y en Nayarit, donde el PAN aparece en desventaja, según diferentes encuestas. Celebrar el mayor triunfo electoral del PAN en poco más de 60 anos de existencia, nada menos que su llegada a la Presidencia de la República, significa, a los ojos de muchos, un franco y último empujón a sus candidatos mexiquenses y nayaritas.
Ningún argumento ha hecho desistir de la celebración a los organizadores del acto y al Presidente de la República, que ha reiterado su asistencia al mismo. Nadie considera que la celebración constituya violación a ninguna ley, aunque sí se insiste en la imprudencia política del mismo.
Por supuesto, las elecciones presidenciales del 2000 significaron un cambio fundamental en la historia política de México. Por vez primera un candidato de la oposición a la Presidencia de la República triunfó sin mayores conflictos. Los resultados electorales fueron respetados cabalmente y tuvimos la certeza de que la democracia se asentaba con firmeza entre nosotros.
El cambio contundente fue la alternancia en el poder. Los otros cambios prometidos aún no son tangibles. Las metas propuestas, los logros anhelados no han llegado. Las mismas cifras oficiales no indican avances, sino al contrario, en temas medulares como deuda externa, inflación, empleo, inversión, índices de educación y salud; el desarrollo, en suma.
Decenas de miles de mexicanos salen diariamente del país para buscar su sobrevivencia. La inseguridad alcanza niveles de espanto. Los traficantes de drogas poseen mayor poder de fuego que las autoridades que deben combatirlos. Vastas porciones de la frontera norte se han convertido en campos de batalla.
Los funcionarios públicos navegan sin brújula en un mar de confusiones e intereses particulares. Hay enfrentamientos entre los poderes. Los partidos políticos han caído también en esta vorágine de divisiones y enfrentamientos internos, a un ano de las elecciones de 2006, cuando se pondrá a prueba la solvencia de nuestra democracia.
Desde el punto de vista de los logros, no hay mucho qué festejar. Ciertamente, el 2 de julio es una fecha oportuna para hacer un corte de caja, luego de cinco anos en los que muchos mexicanos apostaron por un cambio; no obstante, el balance resulta pobre. (El Universal)
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