2 de octubre… Sesión para el olvido

2 de octubre… Sesión para el olvido

La segunda Sesión Ordinaria de la LXVII Legislatura fue el 2 de octubre: inolvidable, pero para el olvido. Es que fue exprés, y accidentada. Había nervios entre los participantes, como todo debutante.

Tras un largo espacio de silencio en la transmisión en vivo de la sesión ordinaria, comenzó la imagen. La presidenta de la Mesa Directiva del Congreso del estado, Rosa Elizabeth Bonilla Hidalgo (PT), se aferró al Reglamento interno del “Honorable Congreso”.

Así, al oír el murmullo, citó el artículo 20 para pedir silencio. Luego tocó la campanita. “Va dar inicio la sesión”, dijo. El show del personal de Servicios Parlamentarios comenzó desde antes. Se la pasaron corriendo de un lado a otro y susurrando a los oídos de la presidenta y los secretarios.

La presidenta pidió, con fundamento en otro artículo, a la Secretaría de Servicios Parlamentarios para el sistema electrónico habilitar el registro de asistencia de las diputadas y diputados (hasta por dos minutos).

Y si bien algunos creyeron que el sonido se cortó a drede, lo cierto es que se fue accidentalmente, lo que hizo que un hombre calvo, José Luis Ruiz (de Servicios Parlamentarios) corriera al lado de la presidenta para encender el micrófono. Le dio instrucciones mientras tenía una mano en el bolsillo. Acto seguido se paró a unos tres metros y guardó ambas manos en sus bolsillos.

La vicepresidenta de la Mesa Directiva saludaba desde lejos a los que estaban en sus curules enfrente, se alisaba su larga cabellera. Fueron más de dos minutos de silencio y no fue por los muertos del 2 de octubre de 1968. El traductor de lengua de señas mexicanas miraba nervioso a todos lados y no sabía que hacer. El sonido regresó y la diputada presidenta pidió que lo quitaran, esta vez sin citar ningún reglamento.

Al tener el turno de hablar, el diputado secretario Mario Sántiz Gómez, leyó el orden del día (cuatro puntos). Ataviado con una guayabera blanca a rayas verdes, a más de uno le dio de que hablar por ser parecida a las que usa el gobernador.

La diputada secretaria Adriana Bustamante Castellanos leyó el punto de acuerdo de forma pausada, pero con la boca seca. Su vaso ya estaba vacío. Otro hombre de Servicios Parlamentarios de camisa color vino corrió a lado del secretario Mario Sántiz, luego con la vicepresidenta. Aún cuando estaba hablando la presidenta, con el sonido activado, se oían los susurros de ambos. El traductor se rascaba la nariz.

Al pedir la presidenta que levantaran la mano para votar, el de Servicios Parlamentarios por poco y levanta la suya; se emocionó. Y si bien la vicepresidenta nunca habló, a la segunda votación ya tenía sed.

El funcionario de Servicios Parlamentarios de plano se quedó parado cerca de la vicepresidenta y volvió a correr al lado de la presidenta, que mientras decía aprobado por unanimidad, escuchaba al personal que le susurraba la oído.

Al leer un oficio de cuenta con la petición de los entonces alcaldesa y secretario del Ayuntamiento de Villacomaltitlán, la presidenta Rosa Elizabeth Bonilla hizo una pausa… para luego decir Chiapas. Tuvo sus dudas si era aquí o en Guatemala.

Lo curioso es que cuando el secretario Mario Sántiz Gómez leyó el punto, también repitió la duda. Volvió a pausar al decir Villacomaltitlán…Chiapas. Su botella sellada y su vaso de cabeza no le permitieron calmar su sed.

Los tres puntos fueron abordados en poco tiempo. Ocupó más minutos la lectura del secretario, que abordarlos. Llegó el momento de asuntos generales y la presidenta con apego el Reglamento pidió que los interesados en participar acudieran personalmente con la diputada secretaria Adriana Bustamante.

El de Servicios Parlamentarios seguía corriendo de un lado al otro. Iba con la presidenta y con la vicepresidenta. Mientras una susurraba, la otra se alisaba el cabello. La diputada Adriana fue contagiada y se alisó el cabello también.