“Esta historia es un trabajo colectivo”, señala Cyntia Reyes Hartmann en el marco de los 20 años de Cántaro Azul, una asociación que a lo largo de sus dos décadas ha trabajado con 500 escuelas ubicadas en todo México, pero, sobre todo, en Chiapas, un estado que pese a tener el 30 % de todo el recurso hídrico del país, sigue teniendo retos en el acceso al agua.
Cántaro Azul nació en La Paz, Baja California, de donde son originarios sus fundadores, Ian Balam García y Fermín Reygadas, quienes en un principio no se caían bien, así lo confiesa el propio Balam al recordar su recorrido, que inició “con dos personas que sólo se tenían a sí mismas, una abundancia de pasión y un entusiasmo muchas veces ciego”.
Desde 2004 hacían visitas a zonas rurales, donde entrevistaban a los rancheros y analizaban el agua para encontrar las enfermedades que afectaban su calidad de vida, escenarios parecidos y aún vigentes en Chiapas. En ese entonces, recuerda Balam, se repetía que 2.1 millones de personas no tenían acceso al agua y que las soluciones a esa problemática tenían que ser baratas.
Pronto, señala, entendieron que en parte, sus enemigos eran ciertos hábitos o la falta de ellos y que lo principal para cambiar eso era la motivación. Balam explica que “las personas necesitamos más que razones, motivaciones. Porque cualquiera de nosotros tenemos acciones irracionales y sin embargo las hacemos”.
Visionarios
Uno los momentos claves de la asociación fue en 2007, cuando se dieron las inundaciones en Tabasco, donde tres integrantes se internaron en las comunidades más abandonadas del estado con el propósito de instalar sistemas que eran para servicio casero en un contexto de emergencia.
Balam indica que Cántaro Azul fue una de las primeras asociaciones en implementar el uso de gel antibacterial en una emergencia, algo que en la época no era muy común, pero que para ellos era una acción obvia.
Un ente vivo
Balam García reitera que un elemento fundamental de la asociación es la confianza, que ayuda a sostener los resultados a largo plazo y que debe ser generado, aunque tome tiempo, pues, en ocasiones hay tejidos rotos.
“Somos un ente vivo”, reitera el cofundador, quien agrega que la propia asociación es “un acto de rebeldía. Porque es más fácil hacer nada, y aquí hay una vocación. Las organizaciones civiles nunca vamos a estar en la portada del Times; sin embargo, hay algo que nos nutre”, afirmó.
Durante los últimos años, Cántaro Azul ha intentado impactar en las políticas públicas. En ese sentido, y en entrevista, Cyntia Reyes, directora de la asociación reitera que “no importa todo el trabajo que estemos haciendo las organizaciones, las leyes y la parte gubernamental tienen que estar alineados en la misma sintonía para lograr un cambio”.
Comités
La asociación ha impulsado el reconocimiento y el apoyo a la gestión comunitaria del agua a través de los comités. “No serviría de nada sólo reconocerlos, tienen que estar fortalecidos no sólo económicamente, sino también hay que fortalecer sus capacidades, con una asesoría técnica para que luego se les pueda exigir”, agregó.
Señaló que en el proceso de la armonización estatal de la Ley general de agua se pretenden realizar cinco foros para escuchar las necesidades regionales. Cyntia Reyes indicó que, hasta donde tiene entendido, uno de los foros se realizará en la zona Altos.
La directora enfatizó que uno de los retos que enfrenta el estado en el tema del agua es que los ayuntamientos se ven superados por las problemáticas hídricas, por lo que terminan atendiendo únicamente a las cabeceras municipales, dejando de lado a las comunidades más lejanas.
En ese sentido, indicó que hay que crear puentes de comunicación, que bien podrían ser los delegados de agua que ya están instituidos por ley. Sin embargo, dijo, no todos los municipios cumplen con este mandato.












