35 años dando vida a las páginas de Cuarto Poder

Salvador lleva más de tres décadas laborando en esta casa editorial. Diego Pérez / CP
Salvador lleva más de tres décadas laborando en esta casa editorial. Diego Pérez / CP

Cuando Salvador Solar Mendoza llegó por primera vez a Cuarto Poder a principios de los años noventas, nunca imaginó que se convertiría en parte fundamental de la historia del periódico. Hoy, con 35 años de trayectoria en esta casa editorial y a unos meses de que el diario celebre su 50 aniversario en julio de 2026, “Chato” -como lo conocen todos en el taller- sigue al frente de la rotativa que aprendió a operar cuando era una de las más modernas del sureste.

Con nostalgia y orgullo, este prensista de oficio que descubrió su pasión por la tinta y el papel desde los 12 años, recorre los pasillos de la nave donde cada noche la máquina Harris B-15 cobra vida para imprimir la información que llega a miles de hogares chiapanecos.

De la galera a la rotativa

La historia de Solar Mendoza en Cuarto Poder comenzó en 1992, cuando acudía de manera eventual para cubrir a los prensistas que los domingos faltaban a su turno.

Por aquellos años, el periódico se imprimía en offset, en una máquina Heidelberg, ubicada en las antiguas instalaciones de adobe, donde una pared llegó a colapsar durante un fuerte aguacero.

“En ese tiempo era un chavo, pero ya traía recorrido. Empecé a los 12 años en un periódico que estaba en Las Palmas, así que cuando llegué aquí ya tenía como ocho años de experiencia”, recuerda.

Fue su cuñada, quien trabajaba en el área de fotomecánica, la que lo acercó a la maestra María Morales, directora general de Cuarto Poder.Esa conexión marcaría su destino. En 1993, la maestra le confió la impresión de “La Última Hora”, una gaceta vespertina de nota policiaca que, aunque de corta vida, se vendía como pan caliente por el morbo de la época. “Salíamos a las 6:30 o siete de la noche al parque y volaba. Era pura nota roja”, sonríe.

El verdadero parteaguas llegó en 1994. La maestra Morales tomó una decisión que evidenciaba la confianza depositada en él: en lugar de enviar a los prensistas de planta a capacitarse a Oaxaca para operar la nueva rotativa que estaba por llegar, mandó a Salvador y a su hermano.

“Nos mandó a un curso a Oaxaca. Eventualmente iban a ser tres meses, pero por razones ajenas nada más estuvimos nueve días. A la vuelta, la maestra nos propuso irnos a Guadalajara a seguir preparándonos, pero le dijimos que no era necesario. Ya traíamos experiencia en offset y con lo que vimos, era suficiente. Y sí, ahí estamos”, relata con una mezcla de gratitud y satisfacción.

La máquina que se volvió parte de la familia

La rotativa Harris B-15, una máquina traída de Saltillo, que data aproximadamente de los años 60 -“casualmente soy de esa época también”, bromea-, llegó en julio de 1994, en pleno apogeo del movimiento zapatista.

Al principio tenían tres unidades y se imprimía en blanco y negro. Para 1995 llegó la cuarta unidad, permitiendo la impresión a color.

“Hubo años en que tirábamos entre ocho mil y nueve mil ejemplares diarios. Los domingos llegamos a imprimir hasta 12 mil. Eran 40 páginas de clasificados, 24 de sociales, 24 de deportes, 24 de portada. Era un montón de páginas”, recuerda.

La máquina no solo ha sido su herramienta de trabajo, sino también su compañera de vida. “Yo recibí el bebé, la máquina se fue criando conmigo, va envejeciendo conmigo. Ya la hice parte mía. Por eso la cuido tan celosamente, no me gusta que la maltraten”, confiesa.

Ese celo profesional tiene una anécdota que lo marca: cuando un compaginador ajeno al área intentó manipular la rotativa y rompió una pieza. “Don Conrado nos dijo: ‘Si me friegan esa máquina, no les va a alcanzar la vida para pagármela’. Y sí, era carísima. Desde entonces la cuido como si fuera mía”.

La exigencia de don Conrado y el respeto por la calidad

Salvador Solar también guarda memoria de don Conrado de la Cruz, fundador del periódico junto a la maestra María Morales. Aunque su relación directa fue más con ella. Recuerda a Don Conrado como un hombre estricto, sobre todo en lo referente a la calidad y limpieza de la impresión.

“Si salía el periódico medio manchadito, al otro día ya nos estaba llamando: ‘¿Qué pasó acá? Que no se vuelva a repetir’. Era muy exigente con la calidad. Nosotros sabíamos que no podíamos fallar”, comenta.

Pero también recuerda con humor el carácter del fundador. Narra una ocasión en que, en un encuentro casual en las oficinas, vio cómo Don Conrado, en plan de juego, le dio un “golpe” en el estómago a su hermano Roberto, quien era jefe de circulación. “Yo venía atrás y pensé: ‘No, pues yo no me llevo así’. Pero cuando me tocó el turno con él, también me dio un golpe, aunque no le dije nada. Así era su manera de ser”.

Entre la tinta y el sacrificio familiar

El oficio de prensista no ha sido fácil. Los horarios nocturnos —de ocho de la noche a cinco de la mañana durante seis días a la semana— han marcado la dinámica familiar. Cuando decidió casarse, fue claro con su esposa: “Mi trabajo es este, todas las noches. Si te vas a acostumbrar a ese tipo de vida, bien”.

Ella se acostumbró, y también sus dos hijas. “Yo llegaba, ellas despertaban, yo me dormía y así estábamos. El único día que convivíamos era mi descanso y en vacaciones. Es un trabajo muy absorbente, pero a mí me gusta”, afirma.

Esa pasión por la impresión ha sido el sustento de su familia. Gracias a su labor, pudo pagar las carreras universitarias de sus hijas: una es gerontóloga y la otra criminóloga. “Hubo épocas muy buenas, imprimíamos muchos pósters locales y nacionales. No me quejo, salí adelante”.

El oficio también ha tenido sus riesgos. En sus inicios, en otro periódico, sufrió la amputación de un dedo. Ya en Cuarto Poder, la rotativa le arrancó una uña a él y a un compañero. “Sustos, pero afortunadamente no ha pasado un accidente grave como el que vimos en el curso de Oaxaca, donde a un operador la máquina le desprendió el brazo. Aquí la cuidamos y nos cuidamos”.

El orgullo de un equipo y la mirada al futuro

A sus 35 años en la empresa y con la vista puesta en el 50 aniversario del periódico, Salvador Solar Mendoza experimenta sentimientos encontrados.

“Estoy contento porque participo en los 50 años. Pero también un poco triste, porque sé que los ciclos se cierran. Yo no soy eterno, la máquina sí. Va a llegar el momento en que nos separemos y sí me va a pegar. Pero ni modo, así es la vida”, reflexiona.

Reconoce que su labor no sería posible sin el equipo que lo acompaña: tres auxiliares más en el área de prensa. “Hacemos un buen equipo. Yo puedo ser bueno, pero hay un equipo grande atrás de mí. La competencia nunca nos dio batalla en calidad de impresión porque tenemos a los mejores compañeros en todas las áreas”.

Al final de la entrevista, envía un mensaje a la familia De la Cruz Morales: “A la maestra, gracias por la confianza de hacerme cargo de su máquina. A Don Conrado, a Conradito, a la señora Ana María, gracias por aguantarnos, porque también hemos tenido errores. Felicidades por estos 50 años y gracias por permitirme ser partícipe de esta historia. Ojalá vengan otros 50 años más, aunque ya no estemos. Que este medio, el más fuerte de Chiapas, siga adelante”.

Dentro del edificio, la rotativa Harris B-15 espera la carga de la noche. Salvador “Chato” Solar, el prensista que convirtió una máquina en extensión de su ser, se alista para una jornada más. La tinta, el papel y la historia de Cuarto Poder siguen su curso.