El general Ángel Albino Corzo describe “haber enviado a Puebla el 2.o Batallón de los que de Chiapas salieron para contribuir a la defensa heroica de aquella ciudad, el cual fue refundido en el 1.o que había llegado anteriormente, por las bajas que habían sufrido uno y otro en su marcha”.
“Excelentísimo señor ministro de la Guerra: Son las doce del día y se ha roto el fuego de cañón por ambas partes”, fue el telegrama que envío Ignacio Zaragoza al general Miguel Blanco aquel 5 de mayo.
La Batalla de Puebla ocurrió en 1862, después de que Juárez proclamara la suspensión del pago de la deuda externa. Los rumores que circularon en octubre de 1861, de que habría una intervención extranjera, despertaron el patriotismo de numerosos mexicanos que se dieron de alta en la Guardia Nacional y en el Ejército.
Si bien después el gobierno mexicano se comprometió a realizar los pagos correspondientes, generando que Inglaterra y España abandonaran el territorio nacional, el gobierno francés no cumplió con lo pactado en los citados tratados y comenzó una intervención armada en México.
El avance de las fuerzas francesas comandadas por el general Charles Ferdinand Latrille, conde de Lorencez, provocó la movilización de las tropas mexicanas. El general Ignacio Zaragoza, quien ostentaba el cargo de general en jefe del Ejército de Oriente, decidió concentrar sus fuerzas en la ciudad de Puebla y ponerla en estado de defensa, con el objetivo de enfrentar en ese lugar a las fuerzas invasoras.
Al saberse sobre la intervención, gobernadores prometieron ayudar en la guerra con recursos y soldados, mientras que un número importante de civiles ofreció sus servicios en las fuerzas armadas o se enfocaron a crear nuevos batallones y guerrillas.
El gobernador de Chiapas, Juan Clímaco Corzo, decretó el 30 de diciembre de 1861 que todo varón de 16 a 50 años se presentara ante las autoridades para ser inscrito en la Guardia Nacional, y dispuso que los jefes políticos formaran batallones a disposición del gobierno.
“El Ejército de Oriente y los límites del patriotismo, 1861-1863”, es una de las investigaciones más recientes sobre el tema a cargo del investigador Héctor Strobe, del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
En ese documento se expone que “Ángel Albino Corzo, gobernador de Chiapas, mandó a 950 hombres de la guardia nacional, quienes recorrieron más de mil kilómetros para llegar al frente y se incorporaron al batallón”, de estos, “sólo ocho volvieron a casa. La mayoría desertó y el resto murió”.
Las tropas irregulares que salieron de Chiapas estaban aliadas con las tropas irregulares de la Sierra y estuvieron al mando del comiteco Pantaleón Domínguez. Llegaron a Tehuacán para incorporarse al Tercer Batallón dirigido por el general Miguel Negrete, quien estaba bajo las órdenes del general Mariano Escobedo, jefe de la Segunda Brigada del Ejército Federal.
“Permítame usted señor ministro, hacer ante el Supremo Gobierno, una mención especial y altamente honorífica del tan pobre y lejano estado de Chiapas, cuanto patriota y amante de la independencia y glorias de México es ese estado y su digno gobernador. Fue de los que más se distinguieron en los servicios prestados al Ejército del Oriente”, dice la parte militar de la batalla del general Jesús González Ortega.
Embates
Con el disparo de un cañón mexicano dio inicio una de las jornadas más gloriosas que registran nuestra historia patria. El mando francés concentró su esfuerzo en el Fuerte de Guadalupe, por lo que lanzó un primer embate a este punto.
A pesar de la superioridad en armamento de las fuerzas de Lorencez, estas fueron detenidas por las tropas nacionales; el ataque francés hacia el Fuerte de Guadalupe se repitió dos veces más, sin embargo, los soldados mexicanos lograron rechazarlos en ambas ocasiones y provocar con ello la retirada francesa.
El arrojo, valentía y patriotismo mostrado por los hombres comandados por el general Zaragoza, hicieron que este hecho de armas sea un símbolo de defensa de la soberanía e independencia de nuestra nación.
En aquella gloriosa jornada, “las armas del Supremo Gobierno se cubrieron de gloria”, ya que el mejor Ejército del mundo fue derrotado por los primeros hijos de México.












