La noche del 7 de septiembre de 2017 en Chiapas se vivió la peor pesadilla de la que se tenga registro en los últimos 100 años, un terremoto de magnitud 8.2 dejó daños parciales y totales en 46 mil 546 viviendas que se ubicaron en más de 90 municipios de la entidad, con lo que el patrimonio de miles de familias se vino abajo por un “capricho” de la naturaleza, por varios días se observaron hogares desolados, sin luz y completamente vacíos.
El Servicio Sismológico Nacional (SSN) en el apartado Reporte Especial documentó que este evento tuvo su epicentro a 133 kilómetros al suroeste de Pijijiapan y ocurrió a las 23:49 horas, momento en el que retumbaron edificios, casas, vehículos y todo lo que la tierra pudo remover para que las placas tectónicas se reajustaran.
Este evento, que volvió a poner a Chiapas en los ojos del mundo, también dejó daños en tres mil 70 centros educativos, 21 edificios de salud y 119 inmuebles que fueron catalogados como patrimonios culturales e históricos.
Después de la tragedia y de las heridas que aún están abiertas en varias comunidades del estado, el pasado 19 de agosto de agosto, a través del sitio reconstruyendoesperanza.gob.mx, la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu) confirmó que se han intervenido más de 13 mil 400 casas en Chiapas desde el 2019, lo que ha implicado una inversión de dos mil millones de pesos en 14 municipios. La misma dependencia, pero al hacer referencia a los datos en todas las entidades afectadas, detalló que ya se tiene un avance del 86 % en lo que marca el Plan Nacional de Reconstrucción (PNR).
En este mismo mes, la Comisión Nacional de Vivienda (Conavi) y la Promotora de Vivienda en Chiapas (Provich) detallaron que en el estado se trabaja en la reconstrucción de tres mil 160 casas que registraron algún tipo de daño parcial o total. El avance muestra que se han atendido dos mil 720 y la entidad ocupa el primer lugar en los proyectos ejecutados a nivel federal.
La resiliencia, que es la capacidad de reponerse al impacto de los fenómenos adversos, se ha impulsado en esta administración estatal, debido a que Chiapas es una zona altamente sísmica, está colocada en medio de placas tectónicas importantes; de hecho, el SSN puntualiza que en el siglo XX el estado fue impactado por movimientos telúricos por arriba de 7 de magnitud.
Otro rubro afectado desde el 2017 fueron los inmuebles históricos y religiosos; el último dato proporcionado por la delegación estatal del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) mostró que de los 119 espacios afectados por el terremoto, hasta la fecha 81 sitios tienen una restauración completa, 29 están en proceso de ser reparados, tres lugares al final se reportaron sin daños y seis más aún no tienen una fuente de financiamiento.
Transcurridas las primeras 96 horas de aquel 7 de septiembre de 2017, en la Bahía de Paredón (ubicado a 12 kilómetros de la cabecera municipal de Tonalá) se contabilizaron más de 300 casas con daños, algunas fueron demolidas en un efecto licuadora entre el temblor y el agua del subsuelo. Aunque hay viviendas que ya están de “pie” en el lugar, en otras calles sólo se observa el vacío de una patio inmenso, característico de un pueblo costero.
Para Silvia Ramos Hernández, directora del Instituto de Investigación en Gestión de Riesgos y Cambio Climático en la Unicach, este movimiento telúrico rompió todos los récords que se presentaron 100 años atrás; recordó la posibilidad de que se repitan temblores de grandes magnitudes y que pudieran afectar a la población.
En su opinión, que haya ocurrido a mitad de la noche permitió que esta actividad se manejara de mejor forma por la concentración de familias dentro de los hogares. A cuatro años de la tragedia, mencionó que sólo en este 2021 en Chiapas se han registrado más de dos mil 500 sismos, aunque la gran mayoría son imperceptibles para la población.
El terremoto del 7 de septiembre de 2017 volvió a recodar a los chiapanecos lo vulnerable que somos al impacto de un evento natural. Por varios meses muchas calles se tornaron solitarias o en medio de escombros en lo que llegaba la ayuda; hoy la situación es otra, pero la población tiene que aprender a vivir con los temblores y ¡hay que ser resilientes!












