Al conmemorar el 18 aniversario de la masacre de 45 indígenas ocurrida en esta comunidad de Acteal, la organización de la Sociedad Civil Las Abejas aseguró que los hechos siguen impunes y en lugar de que el gobierno investigue a los autores intelectuales, la Suprema Corte de Justicia de la Nación “ordenó la excarcelación masiva de los paramilitares y al parecer solo quedan presos dos”.
Durante la misa con la que fueron recordadas las víctimas por más de mil personas, el obispo coadjutor de San Cristóbal, Enrique Díaz Díaz, afirmó que “mientras no se cambie la corrupción, no se transforme el corazón ni cambie el sistema, van a seguir masacres como la de Acteal, la de Aytozinapa y muchas más que están escondidas en el anonimato”.
Las actividades con las cuales fueron recordados los 45 indígenas comenzaron a las 9 horas con una marcha realizada de la vecina comunidad de Polhó, cabecera del municipio autónomo zapatista del mismo nombre, a Acteal.
Después fue escenificada una obra de teatro por los propios indígenas para recordar el origen de Las Abejas hace 23 años, la masacre y el despojo de las tierras.
Luego, en un comunicado, la organización Las Abejas manifestó su convicción de que “la justicia no la va a dar el mal gobierno porque el Estado Mexicano es el que dio la orden de masacrar y por lo tanto no puede ser juez y parte en ese crimen. El sistema de justicia en México está podrido, caduco”.
Sostuvo que “la lista de represiones, de injusticias, de graves violaciones a los derechos humanos en México es interminable y los malos gobiernos, la hidra capitalista o como se llamen los dueño del poder y del dinero, tienen secuestrado a México para despojarlo de su patrimonio y entregarlo en manos de los monstruos capitalistas destructores de la madre tierra y de la humanidad”.
Expresó que la lucha de Las Abejas, a la cual pertenecían las víctimas de hace 18 años, “es por un mundo más humano, por la paz, la justicia verdadera, por la vida y por la madre tierra”, aunque “sabemos que el camino que hemos tomado no es fácil, pero si no lo hacemos hoy, mañana lo estaremos lamentando”.
La agrupación reiteró que no aceptará la solución amistosa propuesta por el gobierno mexicano “porque con la sangre de hermanos y hermanas no se juega”, además de que “nunca cambiaremos por migajas del mal gobierno su sangre, porque nuestra memoria y dignidad no tienen precio”.
En el documento leído por José Alfredo Jiménez, cuyo cargo como presidente de la Abejas concluye el próximo 31 de diciembre, subrayó: “Si nuestros 45 hermanos y hermanas, más cuatro no nacidos, entregaron su vida por los demás, nosotras y nosotros debemos seguir ese ejemplo, y ahora junto con otros pueblos nuestra lucha es no dejar pasar las reformas estructurales en nuestros territorios, sobre todo la energética”.
Enseguida comenzó la celebración religiosa, a la cual asistieron varios sacerdotes de la Diócesis de San Cristóbal y cerca de mil personas de comunidades de Chenalhó y de diversas partes del país y del extranjero.
En la homilía, Díaz Díaz aseguró que lo ocurrido en Acteal “no es solo una masacre vivida hace 18 años, sino que es actual, dolorosa y de injusticia; de reflexión que se hace presente”.
Añadió: “No podemos entender la maldad y la perversión cuando se realiza un acto así y los más triste es que no es solo Acteal, pues hay muchas más injusticias, violaciones a los derechos humanos, más masacres conocidas u ocultas, sepultadas en legalismos, en anonimato que quisieran pasar inadvertidos y sin embargo el dolor del pequeño está latente, gritando al cielo”.
Afirmó que “el mal que hemos vivido, los culpables que exigimos, la justicia que pedimos no estará resuelta solo con que unos pocos criminales vayan a la cárcel porque hay un mal mucho mayor y una corrupción más grande, por eso fallan reformas y estructuras porque se quieren tapar injusticias que no van a poder esconderse con ninguna reforma”.
Manifestó que “hay quienes quisieran dejar en el silencio estas injusticias y corrupciones, pero si callamos somos cómplices, por lo que necesitamos hablar, denunciar y actuar con justicia y con verdad. No podemos quedarnos nada más llorando a nuestros muertos ni asumir la mentira de que nada puede cambiar”.
Indicó que “de la sangre de nuestros mártires, de las lágrimas de su familiares y del dolor de los huérfanos queremos construir un mundo nuevo donde todos podamos vivir dignamente como hermanos”.
Acteal, concluyó, “tiene que ser paradigma en un mundo de corrupción; señal de que no puede quedarse en el olvido el crimen y la violencia: bandera que grite que es posible levantarse de la violencia”.












