A 55 años de expedición, crónica de un Pañuelo Rojo

Hasta la expedición encabezada por Jorge Narváez Domínguez, el Cañón había permanecido inexplorable. Guillermo Ramos / CP
Hasta la expedición encabezada por Jorge Narváez Domínguez, el Cañón había permanecido inexplorable. Guillermo Ramos / CP

Nabor Vázquez Juárez, uno de los pocos sobrevivientes que quedan de la primera expedición en conquistar el Cañón del Sumidero en la primera mitad del siglo pasado, en abril de 1960, habló en entrevista exclusiva para Cuarto Poder acerca de cómo se llevó a cabo dicha expedición.

Dentro del grupo, Vázquez Juárez fue alpinista, subía y bajaba a rapel, buscando caminos para ir progresando en la expedición. Lo hizo con gusto y emoción -según mencionó- y ahora lo dice con toda certeza: “no tuve miedo en ningún momento porque todo eso era parte de las emociones espiritual y corporal del integrante”. Acotó que todo se hizo con dedicación, mucho profesionalismo y amor.

Antes era chofer y fue esa ocupación la que le abrió la puerta para ser parte del grupo de exploración: la inquietud surgió cuando mientras trabajaba con la madre del profesor Jorge Narváez Domínguez (quienes poseían una embotelladora de refrescos), se empezó a conformar el grupo a cargo de Narváez Domínguez.

El profesor era el jefe del grupo que se incorporó para hacer la travesía y Vázquez Juárez fue considerado porque Narváez, quien era prácticamente su patrón, consideró que tenía la capacidad para participar, lo incorporaron, participó y llegó a feliz término todo.

El Cañón inicia desde el puente Belisario Domínguez de Chiapa de Corzo hacia abajo, hasta un lugar que se llama La Ceiba, desde ese punto empieza la altura y la profundidad del Cañón.

De un punto a otro hay una distancia que oscila entre los 25 kilómetros, hasta llegar a la salida del Macizo de Muñiz, donde está el túnel que pasa para ir a Chicoasén, ahí termina el cañón del Sumidero.

Entonces esa área era totalmente inexplorable, un zoológico natural constituido por monos, lagartos, pavas, cotorras, monos araña, tejones, venados, ocelotes y una gran variedad de animales.

Ocho meses de preparación

Como era intransitable, los grupos anteriores que llegaron con la pretensión de pasar el Cañón, no tuvieron éxito porque se requería de mucho ejercicio; el Pañuelo Rojo hizo ocho meses, los ejercicios incluían entrar río abajo y subir río arriba de Chicoasén, de norte a sur para conocer la mayor parte del Cañón del Sumidero, de manera que ya no tuvieran que dudar lo que se iban a encontrar al avanzar en la exploración definitiva.

La meta y su cumplimiento

Lo que los movió a formar el grupo de exploración era el deseo de darle a Chiapas la noticia de que el Cañón ya había sido conquistado. Otras expediciones, integradas por profesionistas extranjeros, franceses y de otras nacionalidades habían intentado conquistar el Cañón sin éxito y eso movió la superstición entre la gente, que se preguntaban: “¿Qué es lo que tiene el cañón que no se puede pasar?”, ellos querían demostrar lo contrario.

Cuando el Pañuelo Rojo concluyó la travesía, la gente se admiró porque de la noche a la mañana, un grupo de exploradores sin instrucción profesional tuvieron éxito donde otros no.

La vuelta fue emotiva, según relató Vázquez Juárez, “nos abrazaban y besaban, nos levantaron sobre nuestro peso, contentos y admirados de que de una muerte segura habíamos regresado”.

Un total de ocho personas conformaron la expedición, todos locales, solo un zacatecano de nombre Ramón Alvarado Zapata, que regresó a su tierra natal y que junto con Vázquez Juárez, es uno de los tres expedicionistas que aún vive. Nabor Vázquez Juárez cuenta hoy con 76 años cumplidos, pero en aquel momento, cuando era un joven chofer con deseos de aventura, apenas tenía 20 años.