"Ayer fue un martes negro para los mercados de valores en el mundo; de ninguna manera tan devastador como el de infausta memoria de 1929, pero significativo en tanto que revela que ahí viene la tan temida y anunciada recesión en Estados Unidos. Como grandes dependientes de la economía estadounidense, los mexicanos tememos los resfríos del vecino, porque suelen convertirse en pulmonías para nosotros.
La Bolsa Mexicana de Valores perdió casi 6% de su valor; Wall Street, cayó 3.3% (la cifra más pronunciada desde septiembre de 2001); la bolsa china bajó 8.8%; y así en cascada se fueron Madrid, Frankfurt, Londres, Milán, París, Sao Paulo, Buenos Aires, entre muchas otras.
Se conjuntaron, por un lado, declaraciones del todavía poderoso Alan Greenspan, ex presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, quien advirtió que ya es inminente la recesión en su país. Y por otro, las previsiones de que China, para reducir su liquidez, subirá sus tasas de interés, deseosa de moderar la frenética especulación de sus mercados bursátiles, que tuvieron ganancias de casi 130% el ano pasado, lo que, de paso, la protegería de la recesión estadounidense.
Cabe destacar que China ya es factor de equilibrio -o falta de él- en las finanzas internacionales. Es el principal socio comercial de Estados Unidos y presenta números de crecimiento económico que, de ser ciertos y no sólo parte de un mayúsculo esfuerzo progandístico, resultan impresionantes.
El hecho de que se contraiga la economía de Estados Unidos, que absorbe la quinta parte del consumo mundial, nos debe preocupar a todos. En México, los funcionarios a cargo de la economía y las finanzas han optado por ver las cosas calmadamente y ofrecer declaraciones cautelosas y tranquilizadoras. El secretario de Hacienda, Agustín Carstens, ""no ve en el radar"" fantasmas de crisis o vulnerabilidad.
La solidez de los números macroeconómicos ciertamente ha sido un factor de equilibrio de México, pero en un mundo tan interdependiente como el actual, ninguna nación puede sentirse ajena ante los ciclos recesivos del capitalismo mundial.
Los mexicanos tenemos el reto de afianzar ámbitos de la economía que la macroeconomía no podrá defender por siempre: creación de empleos, competitividad, salarios, fortalecimiento de un intenso mercado interno (puestos de trabajo bien remunerados otorgan poder de comprar a quienes los reciben), llegada de nueva inversión extranjera, una nueva estructura recaudatoria, entre otros.
Lograrlo será producto de decisiones gubernamentales, pero también de efectivas negociaciones en el Congreso de la Unión con los partidos; y otras, igual de vitales, deberán surgir del propio sector privado, que no puede sólo sentarse a pedir reformas estructurales e incentivos fiscales, como únicas condiciones para ser competitivo, sino que requiere hacerse corresponsable y aprovechar su vocación creativa y emprendedora para hacer prosperar industrias y sectores completos del país.
Ya tenemos las senales encima. Debemos estar listos para aguantar el freno de la economía, no sólo ser víctimas indefensas de la globalización. (El Universal)
"











