A través de títeres se crea conciencia

El grupo, que hace 20 años comenzó, grabó su sexto disco “Aquí vale el amor”. Elio Henríquez / CP
El grupo, que hace 20 años comenzó, grabó su sexto disco “Aquí vale el amor”. Elio Henríquez / CP

Los Fabulosos Batracios van por la vida cantando, haciendo reír, alegrando el corazón de chicos y grandes y a través de canciones y títeres, creando conciencia acerca de la importancia de temas como la igualdad, el respeto, el cuidado del agua y el ambiente en general, entre otras cosas. 

El fundador de este novedoso proyecto infantil es el promotor cultural, Emilio Gómez Ozuna, pintor, titiritero, músico, cantante, compositor, maestro, etcétera. 

“Encontré en los títeres las disciplinas que me gustan: escribir, hacer teatro, bailar, hacer música; puedo costurar, pues yo les hago la ropa a los títeres. No toda, pero a veces un pantalón o una camisa sí los hago”, contó en entrevista. 

El grupo, que hace 20 años comenzó a dar sus primeros pasos con su fundador como único integrante, inició recientemente la promoción de su sexto disco titulado “Aquí vale el amor”, uno de cuyos temas principales es “Mi bicicleta”, que promueve el uso de este vehículo. 

Técnico egresado de la Escuela Normal “Manuel Larráinzar”, Gómez Ozuna afirmó que desde hace muchos años empezó a hacer títeres. “Mis últimos 10 años fui maestro en el Colegio Pequeño Sol. Allí hubo muchos talleres y me apropié de esta técnica que es de hule espuma porque es un material maleable, no pesa y es muy bonito; brilla cuando se pinta, brillan los personajes. Me gustó mucho el material”. 

Añadió que siempre ha firmado como Emilio Pok’o’k (sapo, en tzotzil); es como mi nombre indígena porque siempre me he considerado indígena, aunque no hablo la lengua. Mi padre nació en Huixtán y mi madre de Tenejapa y yo en San Cristóbal”.  

Con habilidades diversas que le brotan por todos lados, recordó que cuando empezó a hacer títeres se le hizo muy fácil hacer sapos “porque son la cara y los ojos; comencé a fabricar muchos sapitos y alguna vez se me ocurrió hacer una canción en un grupo; era hablar de la metáfora para hacer adivinanzas porque yo les decía (a los alumnos) que una adivinanza te acerca a la metáfora”.

Agregó: “Hice unas metáforas de la luna. Decía: ‘mi novia se lanza al cielo, mi novia alumbra la noche o, mi novia parece pelota, mi novia lleva un conejo, mi novia parece de queso. ¿Qué es?’. Empecé a hacer rimas y se me antojó hacer un ‘blusesito’ y empezaron a cantar los títeres. Ahí nació la consolidación de este proyecto que se llama Los Fabulosos Batracios. Eso fue en el 2000. Sucedió cuando yo era maestro en el Pequeño Sol; en 2002 hacía sólo títeres y me dediqué a dar talleres de títeres y a pintar. Era yo solo. De 2002 a 2012 me dediqué a pintar, hice unos murales y escribí un poco”. 

Ha pintado dos murales en las instalaciones de la Universidad Intercultural de Chiapas (Unich), con sede en San Cristóbal. Ha escrito cuatro libros, tres de ellos infantiles, en tzotzil y español: El Sapo y la Luna, El pequeño jaguar y otro que se titula Vo’ (agua, en tzotzil). “Esos tres libros se hicieron mediante un proyecto para el fomento a la lengua, a través de un proyecto de Madrid, apoyo a la educación intercultural bilingüe”. 

Después hizo el de Relatos Coletos, “que me regresó a mi ‘coletez’ rancia y ‘apiscaguada’ que está en mi corazón. Me puse a hacer relatos coletos, a rebuscar palabras coletas que yo tenía muy presentes por mi edad y en 2002 empecé a fabricar títeres, trabando por encargo”.  

En la escenografía aparece a veces “como el hombre invisible porque salgo vestido de negro, pongo una especie de banca montada en una tela negra, por lo que casi no me veo. A veces no me ven; los niños se enfocan en el títere”. 

Actual director del Centro Cultural de El Carmen, Emilio contó que a partir de 2012 cuando trabajaba como director de Cultura municipal, daba pláticas a niñas y niños con títeres. “Invité a Otto Anzures, de Tuxtla Gutiérrez, con su chelo. Hasta entonces era sólo yo. En 2012 me uní con él. Fue un parteaguas en el proyecto porque él es músico y yo titiritero”. 

Comentó que “en dúo hacíamos las presentaciones. A los dos años involucramos trompetas e invitamos a otros músicos; ya grabamos seis discos”. Participan en la percusión, Pedro Cervera, “argentino y jazzista genial; en el piano, Roberto Blanco, músico de primer nivel; en metales, trompetas y teclados también Jesús, conocido popularmente como ‘El Viejito’; en el bajo, Otto Anzures”. 

Manifestó que amenizan festivales de lectura y culturales, sobre todo en escuelas primarias. Hace algún tiempo hicieron por todo el estado una gira de tres años como parte de un programa de la Comisión Nacional del Agua (Conagua). “Recorrimos todos los municipios con un proyecto llamado ‘Palabra de Agua’, con el fin de concientizar sobre el cuidado del agua. Teníamos transporte, equipo de sonido, producción. Todo”.  

Continuó: “De ahí tuvimos la gran fortuna de conocer a Claudia Orantes, directora del DIF Municipal de San Cristóbal, le presentamos el proyecto y nos adoptó durante tres años, ya con un salario. Íbamos a las escuelas y gracias a ella produjimos tres discos”.  

En Los Fabulosos Batracios han habido constantes cambios de músicos, algunos de los cuales han tenido un paso fugaz. Han participado, en promedio, 27 músicos, incluidos holandeses y argentinos. “Hemos incluido a muchos de otros países y ha sido muy efímera su participación. Se han sumado Sergio Trejo, Cheques, del grupo Bacté, que hizo una de las rolas más famosas junto con Mario, que es bajista de Reyli Barba. Y en el bajo a veces participa Romeo”.