A un mes de la tragedia

Pablo (testigo de la tragedia) comenta que el acto fue indescriptible, algo que jamás había presenciado. Diego Pérez / CP
Pablo (testigo de la tragedia) comenta que el acto fue indescriptible, algo que jamás había presenciado. Diego Pérez / CP

A un mes de la tragedia que atrajo la atención de medios nacionales e internacionales, en la que murieron 56 inmigrantes que viajaban a bordo de un tráiler en la carretera Tuxtla Gutiérrez-Chiapa de Corzo, Cuarto Poder acudió al sitio donde ahora hay un mural, la construcción de una capilla a la Virgen de Guadalupe y aún se puede percibir el dolor de los familiares de los fallecidos.

A tan sólo unos metros del punto del accidente donde perdieron la vida 56 migrantes, se encuentra la casa de Pablo Candelario Rosas Hernández.

Aquel día por la tarde, el señor Pablo y su familia se encontraban tranquilos al interior de su vivienda, era un día rutinario, pero de pronto un estruendo los alertó.

Dice que se escuchó el primer momento en que empezó a derrapar el tráiler que transportaba a migrantes de países como Guatemala, Honduras, El Salvador, Ecuador, Cuba, Perú y República Dominicana.

De inmediato, tanto él como su esposa salieron a ver hacia la carretera y observaron una escena que describe como la de una película.

El trailer se impactó contra el puente, y, al llegar al punto, en minutos ya había personas lesionadas que salían de la caja metálica, junto con otras más tiradas sobre la cinta de asfalto. Al acercarse a apoyar a los que vieron heridos, pudo notar que algunos ya no contaban con vida; “en el momento fallecieron, quizás por el golpe, algo muy espantoso, muy aparatoso”, expresó.

De inmediato se detuvo el tránsito vehicular y algunos de los conductores y ocupantes de vehículos comenzaron a bajar y ayudar; atrás de ellos fueron los vecinos de la colonia, que acudieron en cuestión de minutos.

Pablo tiene conocimientos en primeros auxilios, ya que forma parte del Club de Rescate y Auxilio de Chiapas (Carch), así que de inmediato comenzó a ayudar a algunos de los lesionados y pidió que las personas cercanas a él hicieran del conocimiento de la situación al número de emergencias 911.

De inmediato surgieron de entre los vecinos algunas vendas y material para hacer curaciones, “lo que teníamos a mano”.

Asegura que junto a su esposa estuvieron ayudando a jóvenes, a quienes con algodón y algunos trapos les retiraron la sangre que tenían, algunos niños que estaban descalzos y con la ropa sucia por el accidente.

Pablo y su familia brindaron agua que acarreaban desde su casa, además que algunos se acercaron a las viviendas para tener un refugio, mientras asimilaban lo que les había ocurrido y esperaban a que llegaran las ambulancias.

“No querían dar información de dónde venían, tenían temor, me tocó atender a una señorita de unos 18 años, le dije que si quería se le podía mandar en una ambulancia y me dijo que no, que ella iba ir a un hospital particular y que tomaría otro transporte, y se fue”, comparte.

Sobre el chofer no se supo nada, pues asegura que al llegar al lugar lo que atrajo su atención fueron los heridos, a quienes de inmediato se trató de brindar los primeros auxilios.

Narra que en el momento se sintió muy sorprendido por la situación, pero a pesar de ello pudo contener las lágrimas y trató de ayudar en lo que más se pudo; está realmente impactado, porque nunca se imaginó ver algo así, a pesar de ser voluntario en un grupo de rescate y atención de emergencias.

Lo que más había visto eran accidentes con una o máximo de tres personas sin vida, pero esta vez la escena era de no creerse; incluso algunos de los cuerpos se encontraban al interior de la caja del tráiler, apilados unos sobre otros, se escuchaban las lamentaciones de dolor de muchos de los lesionados.

La situación era tan caótica y sorprendente que la esposa de Pablo comenzó a llorar, por lo que él le pidió que mejor se fuera del lugar si no podía ayudar, así que la mujer tuvo que contener las lágrimas y optó por continuar ayudando con lo que estuvo a su alcance.

A Pablo le tocó ayudar a sacar cuerpos y colocarlos en orden sobre la línea blanca divisoria de la orilla de la cinta de asfalto, sobre la carretera y el acotamiento. Comparte que pasaron muchas horas entre el momento del accidente y las labores de rescate. Al siguiente día todavía había personal realizando algunos peritajes.

En el lugar de la tragedia se ha puesto un mural en honor a los migrantes, y Pablo comparte que constantemente pasan personas a dejar veladoras, a hacer oraciones, e incluso se han hecho misas organizadas por la capilla cercana al lugar.

Una Virgen de Guadalupe fue colocada a la orilla de la carretera, pero un grupo de católicos de la colonia El Refugio decidió edificar una capilla más digna, logrando construir las paredes y el techado de la misma, por lo que en los siguientes días se harán los detalles correspondientes.