Abejas en riesgo por uso de plaguicidas

Abejas en riesgo por uso de plaguicidas

Jovani Ruiz Toledo, doctor en Ecología y Desarrollo Sustentable, comentó que durante diversas investigaciones que realizó sobre el efecto de plaguicidas en las colonias de abejas, encontró que almacenan estas sustancias al llevar el néctar de flores a su colmena, lo que representa un riesgo para los mismos insectos y para los consumidores de miel.

Comentó que desarrolló un proyecto de investigación en la parte sur del estado, específicamente en Tapachula y zonas agrícolas de alrededor. Se dedican a analizar residuos de algunos plaguicidas en matrices, como agua de ríos y pozos.

Empezaron a trabajar sobre el glifosato entre 2014-2015, considerando que desde el 2012 se ha intentado prohibir su uso, ya que ha generado polémica por estar vinculado con organismos genéticamente modificados y asociarse al desarrollo de cáncer en humanos.

Encontraron niveles muy altos en agua de pozos, concentraciones incluso más altas que las que se reportan en otros países, cuando se supone que esta sustancia no lixivia, lo que resultó preocupante.

Posteriormente analizaron el impacto de estos residuos en el agua que las abejas colectan, encontrando agua en charcos, ríos y arroyos con concentraciones de plaguicidas que de acuerdo a las dosis no generaban un efecto a corto plazo en esos insectos, pero sí a largo plazo.

Señaló que en Chiapas el uso de plaguicidas organoclorados desde 1970 se utiliza para controlar algunas plagas y vectores transmisores de enfermedades, dejándose de utilizar en el año 2000.

Sin embargo, entre el 2017 y 2019 analizaron miel de abejas que durante su recorrido de forrajeo recorren desde 300 metros hasta 10 kilómetros visitando muchas plantas, exponiéndose a aspersiones directas y residuos de plaguicidas que quedan en el néctar de las plantas, el cual llevan al interior de la colmena, donde puede quedar almacenado por mucho tiempo.

Los plaguicidas organoclorados son muy persistentes, que se pueden bioacumular de un año a otro, es decir, que no se degrada, sino que se va acumulando. A eso se suma que la colmena de abejas son lípidos que también bioacumulan.

Esto quiere decir que aunque las abejas no se expongan a una dosis alta por aspersión directa, si lo encuentra en el néctar lo bioacumulan en sus colmenas.

Esto puede ser un factor de riesgo considerable para las abejas y para los consumidores de miel y propóleo, debido a esos residuos en las colmenas.

Refirió que las abejas son un buen indicador de la salud ambiental porque pueden reflejar qué plaguicidas hay alrededor, como en el caso de los organoclorados que se supone ya no se deben usar desde hace varios años, y varias muestras que encontraron y analizaron eran de reciente aplicación, lo que implica que se siguen utilizando.

Se supone que esos plaguicidas (organoclorados) están vetados a nivel internacional porque se asocian al desarrollo de cáncer, no obstante, las abejas lo han encontrado y lo almacenan en sus colmenas, lo que llega hasta las personas al consumir la miel.

Aunque no han buscado un vínculo con el sector salud, tienen conocimiento que las enfermedades renales en comunidades agrícolas han incrementado, sobre todo aquellas que suelen usar plaguicidas.

Es vital regular el uso de agroquímicos en las zonas agrícolas porque esto no sólo puede tener consecuencias para las abejas y otros insectos polinizadores naturales, sino para los humanos.