Hace más de 20 años, Barbará Adriana Rodríguez Bucio, decidió seguir el ejemplo de su padre y estudiar ingeniería eléctrica, pero nunca pensó que tendría que luchar contra un fuerte estereotipo de género y demostrar constantemente su capacidad.
Hoy, tras 24 años de ejercer el oficio, es la primera presidenta mujer del Colegio de Ingenieros Mecánicos y Electricistas de Chiapas (CIME), en 30 años. En un gremio de 450 colegiados, entre los cuales sólo hay nueve mujeres.
Barbará, nació en el Distrito Federal, creció en Oaxaca y a los 17 años migró a Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.
Su formación profesional la inició en el Instituto Tecnológico de Tuxtla Gutiérrez, en ingeniería eléctrica, pero justo a mitad de la carrera decidió regresar a terminar sus estudios en Oaxaca por problemas con un maestro, quien le dijo: “qué caso tenía estudiar si al final iba a terminar calentando tortillas para su marido”.
En ese tiempo, en la carrera de ingeniería eléctrica no aceptaban mujeres, por lo que tuvo que entrar primero a Sistemas Computacionales. Posteriormente, convencida de que no era lo que quería hizo un examen vocacional, renunció a sus créditos y comenzó de nuevo.
En el Tecnológico de Tuxtla, su grupo se conformaba de ocho estudiantes, siendo ella la única mujer. En Oaxaca, eran alrededor de 25, sólo tres mujeres; allá nunca tuvo problemas con los maestros.
Decidió estudiar la ingeniería porque su papá se dedica a lo mismo, aunque él siempre le decía que no era algo para mujeres. Eso nunca la detuvo, ante la curiosidad que le causaba verlo trabajar y querer ser igual.
“Mi papá fue una parte importante en mi formación, porque me enseñó a trabajar antes que todos”, manifiesta.
Abrirse paso en el campo laboral, en un oficio “pensado” solamente para hombres, le fue muy difícil. Quienes acuden a reparar un motor o solicitan los servicios profesionales de un eléctrico o mecánico, no imaginan que encontrarán a una mujer.
Recuerda que a los 25 años al ya no querer depender del taller de su papá, decidió irse a trabajar a Monterrey. Allá le fue difícil conseguir trabajo en planta por ser mujer, lo único que le ofrecían era de administrativo, para lo cual no tenía experiencia.
Afortunadamente encontró una persona que le dio la oportunidad, pero por un sueldo inferior al que ganaba el resto de sus compañeros, incluso del que ocupaba el mismo puesto antes que ella, sólo porque le estaba dando la oportunidad.
Como joven pensaba que tenía que demostrar lo que podía hacer, pero luego entendió que no tenía que hacerlo, era hacer lo que sabía hacer y nada más.
Destaca que actualmente más mujeres jóvenes deciden estudiar una ingeniería, pero falta mucho para terminar con la brecha de género. El paso es muy lento.
Dice que las mujeres deben convencerse que son capaces. Tener claro que las responsabilidades del hogar y la crianza de los hijos deben ser compartidas, no sólo de ellas.
Sobre el tema de la ONU para este año, en el marco del día internacional de la mujer: Pensemos con igualdad, construyamos con inteligencia, innovemos para el cambio.












