Abstencionismo a la carta

"No es descabellado anticipar que el abstencionismo será el protagonista en las elecciones federales intermedias de este ano. Según las estimaciones más conservadoras difundidas hasta ahora sobre la renovación de la Cámara de Diputados, y de muchas elecciones locales en todo el país, el rango estimado de abstención varía entre 60% y 75%, lo que marca una tendencia poco alentadora para los partidos en contienda, por cuanto manifiesta un malestar creciente de la ciudadanía hacia los mismos.

De cara a este escenario, habría que desechar aquellas interpretaciones según las cuales un creciente abstencionismo es sinónimo de incultura política y una fuerte tasa de participación sólo es posible en naciones con culturas democráticas maduras. Pese a que la democracia mexicana está apenas dando sus primeros pasos, no se puede decir que la cultura política de los mexicanos sea escasamente democrática. Por el contrario, el abstencionismo constituye una expresión de creciente apatía o malestar social hacia la política institucional, lo cual nada tiene que ver con el grado de cultura democrática existente sino con el pésimo desempeno de las autoridades y la pobre oferta de los partidos.

Este diagnóstico vale para casi todas las democracias del planeta, pues hoy presenciamos una crisis de la representación política, un creciente extranamiento de las sociedades y sus representantes elegidos democráticamente. En lo personal, prefiero leer el fenómeno del abstencionismo en las democracias actuales asociado a este contexto global de crisis de la política representativa, que quedarme en la superficie de nociones como ""fatiga"" o ""saturación"" electoral con las que politólogos y electorólogos suelen referirse al asunto; subestiman la magnitud de la crisis de la política institucional de fondo y suponen que basta perfeccionar las campanas electorales o la imagen de los partidos para revertir las tendencias a la baja, cuestión que la propia realidad ha desmentido una y otra vez. Es decir, estas lecturas terminan haciendo apología de esa bazofia que es el ""marketing político"".

No puede decirse que la cultura política de los mexicanos es pobre cuando han sido los ciudadanos los que marcaron la diferencia en las urnas para que finalmente terminara pacíficamente el viejo régimen priísta y fuera sustituido por otro distinto sustentado en la libertad y la justicia.

Por ello, tampoco extrana que los electores no concurran ahora a las elecciones en la misma proporción que en 2000 o 2006, o incluso antes cuando la expectativa de cambio era un ingrediente adicional, pues la mayoría de los mexicanos nos sentimos defraudados o frustrados ante una expectativa de transformación que no se ha concretado. La percepción dominante entre los ciudadanos es que ninguno de los actores políticos, sobre todo gobierno federal, partidos y Congreso, ha estado a la altura de las expectativas de transformación. Otra cosa es calificar el tipo de cultura política dominante en México, o ubicarla en una escala de cercanía a los valores democráticos de tolerancia, pluralismo, participación, etcétera. Pero incluso aquí nos llevaremos una sorpresa si se contrasta la cultura política de los ciudadanos con la de sus propios políticos.

Basta de menospreciar a los ciudadanos. En México, tanto el voto como el no voto son hoy en la mayoría de los casos elecciones individuales absolutamente racionales y maduras.

La elección de no votar, cuando es consciente, es también una elección legítima: tiene un significado que quiere proyectarse políticamente. Tampoco comparto las interpretaciones que consideran que el desencanto de los ciudadanos más que con los partidos o con los políticos es con la propia democracia, pues han descubierto con pesar que ésta no resuelve sus problemas inmediatos. Nuevamente se etiqueta aquí a los electores y se presume que su apatía en las urnas nace más de la ignorancia y el desconocimiento de lo que es la democracia, pues la cargan de significados que no tiene. Este supuesto candor no aplica; lo que la mayoría de los ciudadanos en México pretende de la democracia es que sus representantes los representen adecuadamente, quiere mejor leyes y garantías, quiere vivir en un verdadero estado de derecho. Ni más ni menos.

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