Abstencionismo en aumento

Por qué no votan muchos mexicanos? El Instituto Federal Electoral, IFE, y la Universidad Autónoma Metropolitana, UAM, hicieron una investigación que revela una tendencia a la baja en la participación electoral en el país, que en el ano 2000 fue de 36.03 % y en los comicios de medio gobierno, en 2003, llegó a 58.22%, la más alta desde las elecciones de 1988, cuando llegó a 52.58%. Si esta tendencia se acentuara en las elecciones presidenciales del 2 de julio del 2006, podría amenazar al sistema democrático en su conjunto, pues socavaría las bases del sistema político mexicano en opinión de las dos instituciones.

Cuando el ciudadano renuncia a ejercer su voto, que es el instrumento clave de su participación en la elección de un gobierno, deja en manos de otro la ruta que quiere que el país tome y, ése mismo, puede estar senalando que ya advirtió que las élites políticas no están respondiendo a las demandas e intereses de la sociedad.

Una causa del abstencionismo es atribuible al propio sistema electoral, por los rezagos del padrón, los cambios de domicilio no notificados y la población flotante. Es decir, es un problema meramente operativo. No obstante, el que preocupa sobremanera es el abstencionismo conscientemente asumido por quien considera que su opinión no es tomada en cuenta, ya que cualquiera que sea el sentido de su voto, su situación real no mejora; o bien ve con mucha claridad el contraste entre lo que promete el candidato y lo que no cumple el gobernante, y para lo cual expone un rosario de razones.

Hay, por supuesto, el abstencionista que no encuentra en ninguno de los candidatos o partidos políticos la representación de sus opciones políticas o ideológicas.

La disciplina partidista ha menguado y los electores están sobresaturados de candidatos, precampanas, campanas y elecciones sucesivas, municipales, estatales, federales.

Además, aunque el estudio no lo apunte, el excesivo gasto electoral, financiado por los ciudadanos, y la presunta cesión de votos de aspirantes a candidatos sin fuerza que se suman a los partidos más poderosos mediante negociaciones con sus teóricos millones de votos, o votos corporativos, que también ya se acabaron genera decepción política y produce abstencionistas potenciales. IFE y UAM creen de buena fe que es necesario hacer campanas electorales atractivas, con información suficiente para emitir un voto razonado, y una acción institucional eficaz en la promoción del voto.

Los expertos en mercadotecnia que dirigen ahora las campanas políticas, por su parte, hacen publicidad, no propaganda, y apelan a las emociones más elementales de los votantes, no a su inteligencia.

Junto a los esfuerzos para inducir a la gente a que vaya a votar hay, en contraste, sucesivas estampas de políticos enriquecidos fuera de toda proporción, de funcionarios grabados en el momento en que llenan de dólares su portafolios, de intercambio estentóreo de obscenidades en cadena nacional, de desbordamiento del crimen organizado, de parientes de personajes influyentes compartiendo el gran pastel de compras, adquisiciones y adjudicación de obras públicas, de subasta de reformas legislativas en un mundo de cinismo: todo ello es el escenario en el que, naturalmente, se incrementa el abstencionismo. Aliviar estos males es generar confianza y diálogo entre ciudadanos y gobierno. Y hay que repetirlo una y mil veces: el único instrumento legítimo al alcance del ciudadano para pugnar porque las cosas, en efecto, cambien, es el voto. En el sistema que nos hemos dado, renunciar a éste es debilitar las estructuras políticas y sociales. (El Universal).